
No fue una invasión. Fue algo más sofisticado. Una demostración de que la fuerza ya no necesita permiso cuando aprende a moverse sin huellas

No fue una invasión. Fue algo más sofisticado. Una demostración de que la fuerza ya no necesita permiso cuando aprende a moverse sin huellas


Cuando el poder queda al descubierto, no gana el más justo. Gana quien logra controlar los días por venir. Eso es lo que está en juego.





Cuando el poder no puede con el crimen organizado, con las armas reales, con la impunidad o con la violencia cotidiana, opta por regular lo simbólico

