“¿Por qué no luché? ¿Por qué no hui? Me quedé quieto como una piñata y dejé que él me destrozara. ¿Tan flojo soy que no pude hacer ni el menor intento de defenderme?...”

Las loas al presidente Gustavo Díaz Ordaz llegaron a extremos ridículos. Se encontraba de frente a un congreso donde la voz de la oposición era nimia y los legisladores del oficialismo se permitían decir esperpentos.