Motorratones: robos en dos ruedas

Periodismo de investigación 10/11/2016 03:30 Redacción El Universal ANDRÉS M. ESTRADA Actualizada 11:25
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Sólo 6% de los arrestados han sido consignados en ese periodo; robo a transeúnte, de celular o auto, entre los delitos más comunes

A unos metros de distancia, con las manos puestas sobre el manubrio de una motocicleta Z1, observa cómo su cómplice despoja de sus pertenencias a una joven. El “trabajo” está casi hecho. Sólo es cuestión de esperar a que se suba, soltar el embrague y acelerar a toda velocidad para escapar. Pero algo sale mal. Una patrulla de la policía capitalina que circula por el lugar se interpone en medio de los dos. En cuanto la chica ve a los uniformados, grita: “¡Los de esa moto me acaban de robar!”.

El conductor del vehículo de dos ruedas se marcha. Deja atrás a su compañero —de apenas unos 20 años de edad—, quien desesperado corre y atraviesa la avenida Aquiles Serdán para intentar huir rumbo a la unidad habitacional El Rosario, en la delegación Azcapotzalco. Pero es inútil. Uno de los policías lo persigue a pie, mientras el de la patrulla lo acorrala.

Finalmente lo arrestan y se convierte en uno más de la lista de 11 mil 415 personas detenidas por la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México (SSPCDMX) por cometer delitos a bordo de motocicletas y motonetas, en el periodo que va del 1 de enero de 2010 al 11 de agosto de 2016, de acuerdo con documentos obtenidos vía transparencia por El UNIVERSAL.

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Los delitos registrados son: robo a transeúnte, a cuentahabiente, de celular, a negocio, de vehículo, a casa habitación, a transportista, a repartidor, a microbús y taxi; portación de armas de fuego y blanca; posesión de drogas, marihuana, cocaína y otras; privación ilegal de la libertad, secuestro exprés, homicidio doloso y culposo, entre otros. Las delegaciones con mayor incidencia son Iztapalapa, con mil 950 casos; Cuauhtémoc, con mil 913; Gustavo A. Madero, con mil 484; Azcapotzalco, con 925, y la Venustiano Carranza, con 921.

Pero de los más de 11 mil detenidos, sólo 782 fueron consignados en el mismo periodo, lo que representa únicamente 6.8% de las detenciones: 541, por la Fiscalía de Procesos en Juzgados Penales Norte; 123, por la Fiscalía de Procesos en Juzgados Penales Oriente, y 118 por la Fiscalía de Procesos en Juzgados Penales Sur, indica un oficio de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJCDMX), obtenido a través de InfoCDMX.

Los motorrobos se han convertido en el pan de cada día en los últimos años.

La razón por la que se cometen delitos en estos vehículos es por la rapidez, comodidad y facilidad que brinda a los delincuentes para escapar, porque es mucho más fácil evadir el espacio del tránsito vehicular de la ciudad, explica Martín Gabriel Barrón, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe).

Por su parte, Gustavo Fondevila, profesor de la División de Estudios Jurídicos del Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C (CIDE) y especialista en seguridad pública, señala que es un delito muy complejo de perseguir “porque es muy difícil encontrarlos [a los delincuentes], hay problemas con las cámaras, van muy rápido, se pierden entre el tránsito y los policías rara vez pueden detenerlos”.

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De vez en cuando se caen y tienen accidentes o sucede algo que permite la detención de estas personas, pero en general el delito es mucho más grande, superior al nivel de detenciones, expone Fondevila. Pero este tema, destaca, no es exclusivo de la CDMX, pues también ocurre en ciudades como Santiago de Chile, Chile; Buenos Aires, Argentina, y Montevideo, Uruguay.

Policías de la entidad gobernada por Miguel Ángel Mancera, quienes piden el anonimato por temor a represalias, coinciden con los especialistas: “Las motocicletas se han vuelto el vehículo perfecto para delinquir, porque no respetan banquetas, se meten entre los autos, [para ellos] no hay sentido contrario (...), el policía tiene que irse cuidando de no dar un golpe.

“Cada delincuente tiene su particularidad, por ejemplo: los robacuentahabientes traen motos potentes, de pista. A esos ni de chiste se les alcanza. Con un jalón ya nos dejaron”. Y lamentan: “Sólo podemos actuar en caso de flagrancia. Tú no sabes a quién robó o si la moto corresponde a las características que te dieron de los sujetos que asaltaron. Es una responsabilidad penal muy seria contra ti si le pasa algo a quienes persigues”.

Mucho ruido y pocas nueces en el MP

A bordo de una patrulla Charger inician la persecución de dos adolescentes que viajaban en una motoneta. Los topes no parecen ser un obstáculo que les impida intentar huir y perderse entre las calles de la Ciudad de México, pero sí para los uniformados.

Minutos antes, un transeúnte que fue despojado de su celular, les dio la descripción de los asaltantes. Marcos Miranda —un policía que omite su nombre real— va de copiloto, se da cuenta de que están en un “juego delicado” por los cerrones que se dan. Pueden ocasionar un accidente fatal y sólo piensa: “¿Valdrá la pena detenerlos o no? ¿Corresponderá a las características que nos dieron [de los asaltantes]?”. Aun así van tras ellos.

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Luego de siete cuadras de persecución, en una vuelta los menores tienen que abrirse para no derrapar. Los patrulleros aprovechan el instante y les cierran el paso. En el aseguramiento y revisión encuentran el celular. Entonces los llevan con la víctima, quien los identifica, pero no quiere ir a levantar la denuncia al Ministerio Público (MP). Los policías insisten en que debe ir. No acepta. Sólo quiere de regreso sus pertenencias. Se marcha y los delincuentes quedan libres, no hay parte acusadora para proceder. Y es que acudir ante el MP implica, para la víctima, “pérdida de tiempo” y luego volver para ratificar la denuncia.

“En ocasiones el Ministerio Público busca desalentar a la víctima para que no presente la denuncia”, asegura el investigador del Inacipe en áreas de criminología y delincuencia organizada, Martín Gabriel Barrón.

La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe 2016) del Inegi estima que, durante 2015: 23.3 millones de personas mayores de edad fueron víctimas de delitos como fraude, extorsión, secuestros, delitos sexuales, robo o asalto en la calle o en el transporte público. Estos dos últimos ilícitos se posicionan en primer lugar en la Ciudad de México.

Además, 93.7% es una cifra negra de delitos no denunciados. Las razones: 33% considera que es “una pérdida de tiempo” y 16.6% desconfía de las autoridades. Otro dato duro: en 45.9% de las averiguaciones previas iniciadas “no pasó nada o no se resolvió la denuncia”, muestra la Envipe.

El abogado penalista Gabriel Regino expone que el bajo número de consignaciones representa a su vez “el bajo nivel de confianza de la ciudadanía para denunciar e implica la ausencia de datos para realizar una investigación eficaz para combatir el delito a bordo de motocicletas”. Hay que considerar, añade el especialista, que si los delincuentes no son detenidos en flagrancia y la puesta a disposición es deficiente, de acuerdo con las reglas del nuevo sistema procesal su detención no se califica como legal y pueden irse a su casa.

Otro factor que impide las consignaciones es la corrupción de las instituciones. En el apartado Corrupción institucional, del estudio Delito y cárcel en México, deterioro social y desempeño institucional”, publicado por el CIDE en 2014, se señala que siete de cada 10 reclusos manifestaron que “el dinero y las influencias son importantes para evitar ir a prisión”.

Gustavo Fondevila, quien participó en el estudio, recuerda que en preguntas como: “¿Dónde pudiste irte dando una mordida?, más de 80% de los detenidos contestan: en el MP. No dicen ‘en la patrulla’, ‘en la calle’, cuando los detuvieron. No dicen que fue frente al juez; el MP además hace un doble trabajo: si tú le pagas, también convence a la víctima para que retire la averiguación previa o para que la deje caer y no la ratifique”.

Gustavo Flores —otro policía quien también pide anonimato— cuenta que le ha tocado ver la familiaridad con la que a veces se recibe a los delincuentes en el MP. “Los mismos compañeros judiciales les preguntan: ‘¿Otra vez te agarraron?’ ¿Qué puedes pensar?”, cuestiona.

Operativos: cacería de brujas

En relación con los operativos para evitar la incidencia delictiva a bordo de motocicletas y motonetas, la SSPCDMX, a cargo de Hiram Almeida Estrada, documenta que se realizaron 92 mil 526 “servicios prestados por el Operativo Relámpago”, de enero de 2014 al 11 de agosto de 2016: 48 mil 60 en 2014, 24 mil 236 en 2015 y 20 mil 230 en 2016.

Sin embargo, no existen operativos preventivos permanentes y planeados. Cuando se implementa alguno, “los policías a quienes detienen son a mensajeros, a quienes venden pizzas”.

Esto resulta absurdo, “porque no hay supervisión. Los operativos deberían de realizarse en zonas de criminalidad, pero si no hay información, pues la prevención de estos hechos es nula”, expone Gabriel Regino.

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El policía Gustavo Flores coincide: “Se vuelve cacería de brujas. Lejos de remitir a los delincuentes, empiezas a detener al tortillero, al repartidor de pizzas, al vendedor de periódicos. Todas esas motos que adquirieron con irregularidades con la finalidad de un ‘negocito’, son de las que están llenos los corralones”.

Epílogo...

Vía radio, el Centro de Comando y Control (C2) informa que el otro sujeto de la Z1 en la que iban los asaltantes de la chica en avenida Aquiles Serdán, se internó en los andadores de la unidad habitacional El Rosario. Cuando llegan al sitio, los policías sólo hallan la moto en el suelo. Algunos vecinos les cuentan que el conductor la tiró y luego corrió hasta perderse.

Su cómplice es presentado ante el MP, pero su suerte da un giro. Cuando su víctima está a punto de declarar, decide echarse para atrás y no quiere levantar la denuncia. El delincuente que minutos antes la asaltó en la esquina del Colegio de Ciencias y Humanidades Azcapotzalco y avenida Aquiles Serdán, queda libre. La misma historia se puede estar replicando en cualquier punto de la CDMX.

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