En menos de lo que canta un gallo, el Presidente envió iniciativas al Congreso para legalizar la marihuana con fines médicos, avalar el matrimonio igualitario y permitir la adopción homoparental... Pero no estamos hablando del presidente Mujica, ni de Mr. Obama ni del premier Trudeau. Hablamos de nuestro Preciso. Sí, aunque usted no lo crea, el mismo señor que le dijo a sus hijos que no podían echarse un churro frente a él y que en 2010 se opuso a que los niños fueran adoptados por parejas del mismo sexo; ahora da tres pasos adelante en la vereda del progresismo. Tendrán que tragar sapos los gobernadores, alcaldes, diputados, senadores y demás compañeros de partido que se negaron rotundamente a que el amor y la yerba fluyeran libremente. Como los modernos diputados de Coahuila, quienes se negaron a aprobar la adopción de niñas y niños por parejas del mismo sexo porque dijeron que “va contra la naturaleza”. Ni modo, esa es la buena nueva, estas normas pretenden eliminar esos prejuicios. Hasta doña Margarita, quien fue la flor más bella del quejido cuando se propusieron medidas similares en la Ciudad de México, dio su brazo a torcer. Mientras el señor de Macuspana permanece en un dubitativo silencio, la honestidad valiente no parece dar su venia a la ampliación de derechos. En tanto, Peña Nieto dio instrucciones a doña Clau, la canciller, para que en el proceso de solicitud de pasaportes se acepten, sin distinción, las actas de nacimiento que registran un cambio sexo-genérico. Quiubo, señor Peje, ¿cuándo se pronuncia sobre estos temas?

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