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Casi dos horas después de que el huracán golpeara a Manzanillo, los colimenses seguían sin salir de sus casas por la falta de luz (RAMÓN ROMERO. EL UNIVERSAL)

"Patricia": viven zozobra encerrados en sus casas

24/10/2015
03:00
Juan Omar Fierro / Enviado
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Los pobladores saben que el impacto del fenómeno más poderoso del planeta —como lo calificaron las autoridades— podría ser mayor

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Manzanillo.— El temor que provocó el huracán Patricia en Manzanillo hundió a ese puerto en la oscuridad, no sólo por la falta de luz, sino también por la zozobra de los estragos que el coletazo del meteoro dejará en la ciudad.

Los pobladores saben que el impacto del fenómeno podría ser mayor, que esto aún no ha terminado. Esperan que amanezca para saber en realidad cuánto se perdió.

La tormenta, que muchos expertos señalaron como una de la más peligrosas de los últimos 50 años, obligó a los habitantes del puerto a encerrarse en sus casas desde temprano, ya con cortes preventivos de energía eléctrica.

Sin embargo, casi dos horas después de que el huracán golpeara a Manzanillo, los colimenses seguían sin salir de sus casas por la falta de luz; las ráfagas de viento también hicieron imposible abandonar las viviendas y los refugios temporales. Alrededor de las 22:00 horas, quienes salieron no podían creer que los daños sufridos en la ciudad fueran aparentemente menores a la catástrofe que muchos esperaban.

A pesar de que muchas colonias sufrieron daños menores como la caída de árboles, lonas, estructuras metálicas y marquesinas, las siete calles que integran la colonia Alameda no corrieron con la misma suerte, ya que quedaron inundadas y hasta la medianoche seguían sin energía eléctrica.

De acuerdo con los afectados, el agua proveniente de la Laguna de Cuyutlán se desbordó alrededor de las 20:00 horas, anegando las casas hasta alcanzar la altura de un metro. Los pobladores dijeron que en la zona había peligro, ya que el afluente tiene cocodrilos y temían por la presencia de estos animales.

Otro de los puntos más afectados fue el bulevar Miguel de la Madrid, pues decenas de árboles bloqueaban de manera parcial el paso de los automovilistas y el agua estancada inundó los negocios.

En la colonia El Pacífico, dos árboles cayeron sobre una casa, dejando a sus dos habitantes de las tercera edad en el desamparo.

Caminando sobre dicho bulevar, el señor Juan Fuentes buscaba ayuda para su familia luego de que las lluvias torrenciales provocadas por Patricia arrasaron parte de los muros de su vivienda.

Integrantes de la Policía Municipal de Manzanillo aseguraron que a pesar de los daños materiales en la zona urbana, todavía no se tenía conocimiento de víctimas humanas, por lo que el saldo del huracán podría considerarse “blanco”.

Horas antes de estas escenas, desde las dos de la tarde las calles de Manzanillo se vaciaron y no quedaron negocios abiertos.

Sobre el bulevar Miguel de la Madrid, que por la noche mostraba los estragos del paso del meteoro, las ventanas de cientos de negocios fueron tapiadas con madera, con la esperanza de que resistieran el embate del huracán.

A las 14:30 horas, el fenómeno meteorológico comenzó a mostrar su fuerza derribando palmeras y ramas, pero también árboles, marquesinas, señales de tránsito y palapas de lona en un restaurante.

Los primeros daños llevaron a los hoteles de lujo en Manzanillo a desalojar a la mayoría de sus clientes. Las Hadas se quedó sin huéspedes y trabajadores. En total, 110 personas abandonaron sus instalaciones ante el temor generado por Patricia.

En el caso opuesto estuvo el hotel Tesoro Manzanillo, en el que 104 huéspedes decidieron quedarse. “No voy a perder mis vacaciones por un mal día, tenemos el fin de semana para disfrutar de nuestro viaje en familia”, dijo Salvador Espinosa, trabajador de la construcción. Espinosa llegó a Manzanillo desde Guadalajara junto con más de 30 de sus familiares que habían alquilado un autobús. Antes de hospedarse fueron advertidos del impacto del meteoro.

“Yo trabajo en la construcción, sé que estos muros son de hormigón, si no los ha tirado un terremoto, mucho menos les va a pasar algo por un huracán”, dijo despectivo el turista mientras bebía algo para matar el tiempo.

La tranquilidad de los huéspedes contrastaba con la situación de emergencia que se vivía en el puerto colimense. Vehículos de la Armada de México, la Policía Federal y policía municipal realizaban constantes rondines por las calles desiertas de Manzanillo.

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