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Madrid.— Cuando Norma Romero, una de las fundadoras de Las Patronas, se enteró de que su grupo estaba nominado al premio Princesa de Asturias de la Concordia por su trabajo de ayuda a los migrantes centroamericanos que atraviesan México hasta llegar a Estados Unidos, no podía creerlo.

Aún hoy no lo admite, cuando en la ciudad asturiana de Oviedo se falle el galardón (que está dotado con 50 mil euros y una escultura de Joan Miró).

Aunque en entrevista con EL UNIVERSAL reconoce que en caso de recibir el premio serviría para ayudar a los que menos tienen.

Las Patronas llevamos 20 años haciendo este trabajo y no esperábamos esta nominación, así que ha sido toda una sorpresa. El que hayamos sido tomadas en cuenta y sobre todo el saber que nuestra labor ha trascendido fuera de México en países como España, es el mejor reconocimiento. Y si ganamos, que se comparta y sirva para ayudar a los que menos tienen”, afirma.

Romero ha viajado a Madrid invitada por varias organizaciones de ayuda a los inmigrantes, para explicar su labor en el municipio de Amatlán de los Reyes, en Veracruz, donde reside. Allí desde hace 20 años y cada día en dos turnos (mañana y tarde) cocinan, preparan bolsas con comida y las reparten lanzándolas a los migrantes que viajan en el tren de mercancía llamado La Bestia, que atraviesa México hasta llegar a Estados Unidos.

“Damos de comer a los migrantes que viajan en el tren pero también a los que se bajan, a los que están enfermos, mutilados, a sus mujeres, hijos, a sus padres”, relata.

“Pero nuestra labor también es concientizar a la gente en todo el mundo de que los migrantes en México, pero también en Europa, no son mercancía, como mucha gente los mira, son seres humanos que luchan, que tienen un sueño que es querer ayudar a su familia y darles un futuro mejor”, añade.

Romero ha contado cómo llegan los inmigrantes: “Cansados, lastimados porque han sido asaltados o porque se cayeron del tren, con algún miembro amputado, enfermos porque les picó un bicho o infectados”.

Ha explicado que aquellos que se tiran o se caen del tren son alimentados y curados por Las Patronas, y luego siguen el viaje, “ya que su objetivo no es quedarse en México sino seguir hasta Estados Unidos”.

A todos ellos los califica de valientes, dice que “merecen nuestro respeto y nuestra admiración” y subraya el hecho de que tienen un sueño, una meta por cumplir y luchan por ello. “Nos da mucho gusto que lo logren porque es una familia que va a tener qué comer y no se va a quedar en el camino, como muchos otros”, añade.

Durante sus 20 años ayudando a los inmigrantes dice que no han recibido amenazas del crimen organizado ni de las mafias y que no han tenido miedo. “En todo este tiempo nadie nos ha molestado”, cuenta. “Nosotros no juzgamos al crimen organizado, pero sí reconocemos que se debe a la falta de oportunidades que hay. Muchos de estos jóvenes, en el caso de mi comunidad, tienen la preparación pero no tienen trabajo, otros no tienen recursos para seguir estudiando, otros quieren dedicarse al deporte y tampoco pueden. Ellos no quisieran estar dentro de ese mundo, pero desafortunadamente las mafias les ofrecen trabajo y agarran el camino más fácil. Si hubiera oportunidades no estarían metidos en eso. Habría que recapacitar y pensar en esto”, concluye.

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