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Los familiares de Julio César Mondragón, el normalista desollado en Iguala, ven con escepticismo la exhumación del cadáver, pues estiman que no garantiza que se esclarezcan las condiciones de su muerte.

Su tío, Cuitláhuac Fontes Mondragón, denunció que a un año de los hechos ha habido “muy poca investigación científica” sobre el asesinato del joven. “Nosotros esperamos que esto ayude a dar luz a un asesinato tan artero, pero no nos garantiza que va a ser una cuestión que nos lleve al esclarecimiento. Hay un ambiente muy enrarecido”.

En entrevista con EL UNIVERSAL, Fontes Mondragón lanzó varias preguntas a las autoridades: “¿Qué esconden? ¿A quién le convenía esta situación? ¿Por qué siguen callando? Hubo personas que pudieron impedirlo [el crimen] y no lo hicieron.

“Tenemos que romper con esa cultura de la justicia divina, la del más allá. Queremos justicia en esta vida. Nosotros ya no tenemos nada que perder porque nos asesinaron a Julio César, nos mataron a todos y nadie puede morir dos veces”, añadió.

Agregó que nunca creyeron en “la verdad histórica” que presentó la Procuraduría General de la República (PGR), al mando de Jesús Murillo Karam, ya que, consideró, “estaba fundada sobre una palabra: falsedad”.

Incluso, señaló que por ello no les causó extrañeza la conclusión del Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). “No fue ninguna novedad porque ya sabíamos que eso no era posible”.

Cuestionados si estiman que Gildardo López Astudillo, alias El Cabo Gil, señalado como el líder de Guerreros Unidos que dio la orden para el asesinato y la cremación de los cadáveres de los normalistas, podría aportar nuevas pistas que permitan determinar con precisión lo ocurrido durante el 26 y el 27 de septiembre de 2014 en Iguala, los familiares también expresaron sus dudas.

Afrodita Fontes, madre del normalista, comentó: “A mí ya se me hace muy difícil. Sacan cosas como para ‘ponerlo de moda’. No sé cuál sea la intención, porque en realidad se busca la justicia y a la fecha no la hemos encontrado, y ya se me hace francamente difícil creer”.

Reconoció que siguen con la terapia tanatológica semanal para superar la muerte. “Un año se dice muy fácil, pero ha sido una pérdida irreparable. No sé si lo logremos superar. Platicamos entre nosotros, sabemos que hay un ciclo de vida, que todo tiene un principio y un fin, pero no aceptamos cómo lo mataron”.

—¿Les reconforta más saber que por lo menos ustedes tienen un cadáver y no estar en la incertidumbre de los otros padres, de no saber qué pasó con sus hijos?

—Yo respeto la forma de pensar de los padres de familia y los comprendo porque la desaparición o la muerte de un hijo te marca. Yo los admiro, los respeto en su decisión [de seguirlos buscando]. Presentimos que estos muchachos están vivos y los van a encontrar”, manifestó la madre.

“Cada día se siente más doloroso. Somos de una familia muy grande, pero nunca habíamos tenido la situación así”, dijo el abuelo, Teófilo.

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