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A dos años de que se implementó el impuesto de 10% por litro para las bebidas azucaradas, el consumo ha disminuido 7.6%, en su mayoría entre las familias con un nivel socioeconómico bajo. En contraparte, la población que mantiene alto consumo de refresco son: niños, adolescentes y adultos jóvenes.
Juan Rivera Dommarco, director del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), dio a conocer los resultados de un estudio publicado en la revista Health Affairs, realizado por investigadores del instituto y de la Universidad de Carolina, titulado “Evidencia de una respuesta sostenida de los consumidores dos años después de la implementación de un impuesto a bebidas azucaradas en México”, en el que se demuestra que las compras de éstas registran una tendencia decreciente.
Dijo que la compra de bebidas sin impuesto, como agua embotellada, aumentó 2.1%.
Los mexicanos dejaron de tomar 5.1 litros de bebidas azucaradas durante 2015.
Los hogares con menor ingreso, para los que los costos de servicios de salud representan una mayor carga fueron que redujeron las compras de éstas, y “eso significó un ahorro que destinaron a otros propósitos”.
Rivera Dommarco expuso que este impuesto sólo es una medida de salud pública que funciona en conjunto con otras, como la eliminación de la publicidad de alimentos con alto contenido calórico en horarios infantiles, lineamientos en escuelas, orientación alimentaria, atención primaria y promoción de la actividad física, con el fin de reducir la incidencia de obesidad y sobrepeso que deriven en una enfermedad crónico-degenerativa como la diabetes.
Explicó que uno de los grandes retos es apoyar a la Secretaría de Salud con investigaciones que logren disminuir las afecciones crónico-degenerativas, “a través de la promoción de la salud, un buen tamizaje y tratamientos de calidad”.
El director general de Promoción de la Salud, Eduardo Jaramillo, aseguró que el país “avanza en el camino correcto para revertir esta problemática” y añadió que la evolución de la estrategia nacional es observada por las organizaciones Mundial de la Salud (OMS) y Panamericana de Salud (OPS).
Dijo que “a nadie le conviene una sociedad enferma, se necesita que esté sana y sea productiva para que el país sea competitivo”, por lo que se debe contar con una solución.
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