Astucia, choques e insultos en Cámara Alta

Los senadores Graciela Ortiz (PRI), Javier Lozano (PAN) y Miguel Romo (PRI), durante la sesión ordinaria en la Cámara Alta (SENADO)
01/12/2016
02:01
Juan Arvizu y Alberto Morales
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Ataca con paciencia. Manuel Bartlett es un orador asiduo a la tribuna del Senado. Estos años los ha hecho a contracorriente, y algo de lo que le faltaba es aguijonear al líder petrolero, Carlos Romero Deschamps. Y reta al priísta a debatir.

“¿Por qué no sube [a la tribuna] nunca? ¡Ah!, para que no lo toquen. ¿Quiere hacer señas? Venga aquí a hacerlo. Senador, no se ría, sea valiente”, increpa el legislador del Partido del Trabajo (PT).

Pausado, sin prisa, provoca: “Suba aquí”. Discutir, el permanente interés de Bartlett. El punto que trata el pleno es una reforma en materia portuaria, pero pudo ser la que fuere, ya que es una constante que el legislador de oposición diga que se vota en defensa de los intereses trasnacionales. Acusa al presidente Enrique Peña Nieto de traición a la Patria.

A Romero Deschamps ya no le interesa hablar, como acaba de hacerlo tras una primera intervención de Layda Sansores Sanromán, del mismo grupo, el PT, que lidera Bartlett, aunque de hecho son de Morena.

La senadora Sansores Sanromán logró lo inesperado. Ni en la reforma energética el dirigente petrolero pidió turno ni para alusiones personales, ni para rectificación de hechos. Micrófonos y bocinas registraron su voz por primera vez en cuatro años y tres meses. El senador dijo 53 palabras en total.

En respuesta a la acusación de Sansores Sanromán, de que es mentiroso, contestó que la lopezobradorista “está equivocada”, que no hay sindicalizados despedidos en las zonas petroleras. Cuando Bartlett sea el último orador del debate de la autoridad portuaria, Deschamps gastó su elocuencia. “¿Quiere usted hacer señas?”, pica el senador de izquierda.

Pero Carlos Romero Deschamps ha vuelto a la coraza, desde la que aguantó las horas interminables de ataques de la oposición por la reforma petrolera.

Así acaba el reto a duelo de palabras que no acepta el priísta. Ni el “sea valiente” de Bartlett derritió el hielo del dirigente sindical, en este tramo de la sesión que ha calentado con las brasas de su ironía Layda Sansores, que saca de control a la priísta Graciela Ortiz González, quien en una moción desde su lugar pide al presidente de la mesa directiva, Pablo Escudero Morales (PVEM), que no permita los insultos.

“La senadora Sansores se excede en los insultos”, y solicita lo que ningún presidente del Senado puede ordenar: “Que sean borrados del Diario de los Debates los insultos proferidos por la mencionada participante”.

Esa intervención es boleto para que Sansores Sanromán regrese a la tribuna. “No dije ningún insulto. Y que me lo demuestre”. Y sugirió: “Vengan con mejores argumentos para defenderse”.

Con su estilo, Manuel Cárdenas Fonseca, sin bancada, ironiza con un discurso en el que se burla del gusto, dice, de la mayoría por aprobar dictámenes sin sentido, contradictorios a la Constitución.

“¿Por qué estoy a favor en el criterio de ustedes? ¡Porque viola la Constitución! Estoy a favor del mamotreto de dictamen, porque hay que darles gusto, porque fueron y se entrevistaron con la parte interesada, el general secretario, almirante de Marina”. Les expresa que engañan al Presidente, y cuestiona: “¿Quién no le permite ver la realidad?”.

Inscrito para hablar a favor, confundió a Pablo Escudero, quien le pide se sujete al reglamento que indica un orador a favor y otro en contra, intercalados. Cárdenas Fonseca juega otro poco: “Di mis argumentos a favor del dictamen; ni por asomo acepto sus comentarios o recomendación”, advierte severo, de veras. En el tablero electrónico se marcará el rojo de “en contra”.

Son los recursos parlamentarios: provocación, histrionismo, ironías, simulo, cálculo, en fin, inteligencia.

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