La pizarra sube como la espuma y decreta una paliza de 24 carreras contra 10, en el partido de beisbol entre los equipos del Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo, un marcador que podría ser justificado por la ausencia de un aficionado que pone el corazón en el diamante, Agustín Carstens.

Aunque autónomo, el campeón de Economía y Chicago Boy, batea con los funcionarios, sector en el que hizo su carrera, particularmente en el área hacendaria y financiera, pero esta mañana será un gran ausente, que se ahorra la masacre que ocurre en el Deportivo del Sindicato de Salud.

Es el Quinto Encuentro de Beisbol entre los dos poderes, el Legislativo y el Ejecutivo, y toca abrir el juego al presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, quien se pone la casaca a rayas que en otras ocasiones ha vestido allí para batear y cubrir la segunda base.

Beltrones saluda al gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, Malova, el mismo que derrotó al PRI y que está en la ruta de concluir su sexenio, y que juega con el equipo Legisladores. Ambos están con Lilia Merodio Reza, senadora por Chihuahua con licencia y que busca la candidatura priísta a la gubernatura.

Malova le dice a Beltrones que “vamos a estar todos con Lilia [Merodio], que es nuestra madrina en este juego, y a la vez, todos somos sus padrinos”, y alza el pulgar derecho en gesto de decisión.

Oyen y aplauden, el sinaloense Alfredo Villegas, quien recorrió su estado para la organización de la campaña de Enrique Peña Nieto; la senadora Margarita Flores, de Nayarit; Joel Ayala Almeida, líder de la FSTSE y mánager del equipo Legisladores.

A los periodistas, Beltrones dirá que su trabajo es crear condiciones de unidad para el juego de los aspirantes a 13 gubernaturas, y como eso reclama trabajo, lanza la bola de apertura y se va a Tamaulipas, sin prever la masacre que viene bajo este cielo nublado, como un domo protector de un jolgorio que envuelve la paliza que cae sobre funcionarios como Mikel Arriola, Héctor Orozco, así como José Reyes Baeza, director del ISSSTE. Llega de refuerzo el secretario general del instituto, Juan Manuel Verdugo.

José Antonio Meade llega cuando el tormento marca ocho carreras a una, y se afana y logra meter dos carreras, con bola de hit, y dice que en el reparto de pantallas de televisión digital, programa que tiene a cargo como secretario de Desarrollo Social, también conectará un imparable. “Llegó el refuerzo que esperaban”, comenta alguien al ver al jugador de las Grandes Ligas del gabinete presidencial.

Entre entrada y entrada hay tiempo para el relajo, las charlas, la grilla. Escenas que no se ven en los escenarios en que estos hombres y mujeres mueven el abanico de las grandes decisiones.

Cierto, parecen niños en el juego beisbolero: Héctor Lie, quien marcó carreras; José Antonio González Anaya, director del IMSS, que departe con deportistas de gran fama; el diputado priísta Marco Antonio García Ayala, y Jesús Valdés, legislador local sinaloense.

Las gradas celebran la presencia de figuras como Rubén Olivares, Carlos Zárate, Guadalupe Pintor, José Pipino Cuevas, y una pléyade (sin metáfora) de medallistas olímpicos, desde Juan Fabila (Tokio, 1964), hasta Agustín Zaragoza (México, 1968), hasta Joel Sánchez (Sidney, 2000).

Vuelven a la carga los guerreros. Han llegado dos senadores de los lados extremos del pleno senatorial: el panista Ernesto Cordero Arroyo y el perredista Zoé Robledo Aburto.

El ex secretario calderonista la tiene fácil. El lanzador de los funcionarios, con una bola baja que le toca el pie, le regala el viaje a la primera base que cuida González Anaya. “Pero el golpe ni te dolió”. Ríe Cordero, que anotará carrera, como en paseo triunfal.

Zoé Robledo batea, corre, espera, cruza entre rojos del gobierno federal, antagónicos en su visión de la política; bromea, convive, disfruta como todos el rey de los deportes.

Una vez al año, una cita para la diversión, pero que esta vez, la quinta, se convirtió en una masacre.

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses

[Publicidad]