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Al toro, por los cuernos, y así, el presidente Enrique Peña Nieto habla de lo que “nos molesta y perturba como sociedad”, justo en el comienzo de su mensaje por el Tercer Informe de Gobierno, en el patio central de Palacio Nacional, en el corte de la primera mitad de su mandato, en el final de 12 meses de “un año difícil para México”, dice, y refiere los hechos de Iguala y la fuga en un penal de alta seguridad.

De esa manera, emprende el mensaje de 106 minutos, ante representantes de los poderes Legislativo, Judicial, gobernadores y jefe de Gobierno del Distrito Federal, y del gabinete con ajustes recientes. Habla directo de lo doloroso del último año, y se refiere a otros hechos también, con especial énfasis al decir, “señalamientos de conflicto de interés, que incluso involucraron al titular del Ejecutivo”.

De estos tiempos, también refiere la preocupación de las familias por el futuro de la economía. Dice que hay desconfianza en lo interno, incertidumbre en lo externo. Esa es la colección de hechos reales del último año legislativo.

La crema y nata de la clase política oyen al jefe de Estado, quien les dice: “ante las dificultades, vamos a ir hacia adelante”, y señala su resolución de no claudicar en el proceso transformador. Y lo dirá con voz potente, en el punto culminante de su discurso.

Plantea lo realizado en la primera mitad de su mandato, y al expresar su reconocimiento a las Fuerzas Armadas, levanta el aplauso más fuerte y prolongado, y suma sus palmas al trabajo en favor de la seguridad que realizan Ejército y Armada. El secretario de Marina, Vidal Soberón, también aplaude; a su lado el titular de la Defensa, Salvador Cienfuegos, permanece atento a la ovación del Palacio Nacional.

Enrique Peña Nieto, a la mitad del camino, es el primer Presidente de México que se pone la banda presidencial en una transmisión de Periscope: se le ve en camisa, atrás el escritorio del despacho en Palacio Nacional. Se coloca al pecho el símbolo de su cargo confeccionado con seda e hilos de oro, “con grande emoción y gran orgullo”.

En la tradición del poder en México, colocarse la banda presidencial fue un rito íntimo hasta hoy poco antes del mediodía, cuando el presidente Peña “sube” ese momento a la red social Periscope. Cuántos mexicanos hay que quisieron el puesto de jefe de Estado y esa escena, sólo imaginada, quedó en los sueños personales. Para otros es el ensueño actual.

Peña sale del despacho y camina por la Galería de Presidentes, y avanza entre una valla de cadetes de la Escuela Naval Militar, de la Escuela del Aire, del Colegio Militar; va rápido, transmite energía, vitalidad. Sus movimientos son rápidos y sin distracción alguna encuentra en la parte central del escenario del evento al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; a los presidentes de las Cámaras de Diputados, Jesús Zambrano (PRD), y la de Senadores, Roberto Gil (PAN), y al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Luis María Aguilar Morales.

En el patio central también asisten representantes de los sectores de la sociedad, entre ellos el Director General de EL UNIVERSAL, Licenciado Juan Francisco Ealy Jr.; de la academia, como el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles, y entre los empresarios se encuentra Carlos Slim.

Al centro de la primera fila, la esposa del presidente Peña Nieto, Angélica Rivera, recibirá su agradecimiento por su presencia, apoyo, solidaridad y amor incondicional. Igualmente agradece a su madre, hermanos y familiares.

Reporta el estado de la nación, y al llegar a la aplicación de la reforma educativa levantará cuatro tandas de aplausos y, más adelante, traza las 10 grandes metas que se propone alcanzar y recibe esa aprobación de palmas, con la medida de austeridad gubernamental. Otra tanda de aplausos va al dar el reconocimiento a la labor del gobernador del Banco de México.

Jaime Rodríguez Calderón, gobernador electo de Nuevo León, afamado como El Bronco, con su lenguaje rústico, propone que recorten los gastos a los güevones que viven del presupuesto.

A dos semanas de concluir su mandato, el gobernador de Campeche, Fernando Ortega Bernés, parece que cabecea durante el mensaje presidencial, como que ya se cansó. Concluido el rito de informar, Peña Nieto se despide de gobernadores, de Jesús Zambrano, con mayor atención y comentarios mutuos; Aurelio Nuño (SEP), saluda con la mano lanzada al aire y la atrapa el Presidente; Rosario Robles hace de tripas corazón y es abrazada por su jefe, diez lugares a la periferia del sitio que ocupaba como secretaria de Desarrollo Social.

En el Zócalo, la vida comercial y social tiene el bullicio de los transeúntes y del tránsito vehicular, acotado por un dispositivo de seguridad a cargo del Estado Mayor Presidencial. Frente a Palacio Nacional, una flotilla de camionetas blancas espera a los integrantes del gabinete presidencial para llevarlos a “los tiempos que vienen”.

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