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El Informe. Del 'show' a la cancelación

De los aplausos de 21 minutos, el papel picado y el criticado 'besamanos', hoy el regreso del Presidente a San Lázaro vuelve a debatirse

En 2006, en su sexto Informe de Gobierno, Vicente Fox Quesada se vio obligado a entregar el documento en el vestíbulo del Palacio Legislativo (ARCHIVO EL UNIVERSAL)
Nación 20/09/2015 03:40 Juan Arvizu Arrioja Actualizada 10:26

Algo se ha roto, que hay legisladores que intentan “interpelar” —verbo nuevo en la política mexicana— al presidente de la República, Miguel de la Madrid Hurtado, en su último Informe al Congreso de la Unión, el cual viene de las elecciones en que surgieron el Frente Democrático Nacional y personalidades antagónicas fuertes, de la talla de Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Clouthier, que lideran una oposición crecida.

Desde la tribuna de la Cámara de Diputados, Miguel de la Madrid mira una pluralidad política nueva, y antes de decir las palabras que por 60 años marcaron el inicio del Informe: “Honorable Congreso de la Unión…”, es objeto de la primera interpelación, la de Jesús Luján.

El Presidente permanece inmóvil. El país, vía televisión, es testigo de lo insólito. La tarjeta en la que pedía que los aplausos los rindieran al final del discurso queda hecha trizas. El escándalo sube de intensidad. El orden acaba para siempre. El ex priísta Porfirio Muñoz Ledo abandona el salón, y con él casi un centenar de legisladores.

Todos los presidentes, desde Plutarco Elías Calles, han sido la principal figura política, y su presentación en la Cámara de Diputados de Donceles, hasta José López Portillo, fue motivo de que las actividades en el país se paralizaran para seguir el Informe por radio o televisión.

Las imágenes eran del Presidente en Los Pinos, en su ruta hasta Palacio Nacional, la escala para colocarse la banda presidencial, y de allí dirigirse a la tribuna del Congreso. Papel picado, músicos, escolta de cadetes del Colegio Militar, miles de personas en las calles y mensajes de felicitación “al jefe de las instituciones nacionales”.

Así es como la Presidencia avasalla a los poderes Legislativo y Judicial, que se suman más tarde a las felicitaciones en Palacio Nacional, junto con los representantes de los sectores empresarial, sindical, religioso, incluso en lo que el lenguaje popular refiere como “besamanos”.

En las décadas de brillo del presidencialismo, se registran incidentes: a Plutarco Elías Calles, el diputado Aureliano Manrique le grita “farsante”, en el Informe que llama a forjar el México de instituciones; a Adolfo Ruiz Cortines los diputados del PAN y del PPS le hacen el vacío. Una excepción la consigue Adolfo López Mateos, a quien lo aplaude el Congreso, con la oposición incluida, por más de cuatro minutos.

A Echeverría, en un Informe le tributan 21 minutos de aplausos, y el diputado Carlos Sansores, ante la alta producción de iniciativas, lo llama “primer legislador”.

Hay mensajes históricos, como cuando Gustavo Díaz Ordaz, en 1969, asume la responsabilidad de los acontecimientos de octubre de 1968, y que hace historia, con José López Portillo, al anunciar los decretos de expropiación de la banca, la decisión del hombre de Estado.

El 1 de septiembre, en el primer Informe de Carlos Salinas de Gortari, arrecia la etapa de las protestas encendidas en el recinto y en las calles, y en su último mensaje habrá de confesar que a quienes lo repudian “ni los veo, ni los oigo”.

Es clave 1997. Nueve años antes fue que Muñoz Ledo emprendió las protestas del “final de la monarquía sexenal”, y ahora es el presidente del Congreso; el PRI ha perdido el control de la Cámara de Diputados, y por primera vez un presidente, Ernesto Zedillo, escucha un mensaje del Poder Legislativo que marca un contrapeso de fuerzas. En 1999, Carlos Medina Plascencia, un alfil de Vicente Fox, reprueba a Zedillo.

Con un gobierno dividido, Fox establece una relación accidentada con las Cámaras, y año tras año, en San Lázaro enfrenta protestas de la oposición, que se van al extremo por el conflicto poselectoral de 2006. Nueve años después de que el PRI perdió el control legislativo, y ahora el PRD confronta al Ejecutivo. En su sexto Informe, Fox se ve obligado a entregar el documento en el vestíbulo de San Lázaro. Entrega y se va. Pero Felipe Calderón en 2007 se aferra y entra al salón de plenos apenas ocho minutos.

A las 17:40 horas entra Calderón al salón del pleno: en ocho minutos entrega el Informe y sale. El 15 de agosto de 2008 se publicó la reforma al artículo 69 constitucional que eliminó la obligación de que el titular del Ejecutivo asista a presentar su Informe. Así se instituye el recurso de la entrega por escrito, que será en un salón al que llega el secretario de Gobernación, a quien se le extiende el acuse de recibo.

En el último Informe de Calderón, el diputado Jesús Murillo Karam, además del Informe y sus anexos, ha recibido el primer par de iniciativas preferentes, una de ellas la reforma laboral, que será la primera del sexenio de Enrique Peña Nieto, para quien está vedado el recinto del Congreso, porque así es el formato.

Desde aquella primera interpelación a De la Madrid, hasta el 1 de septiembre de 2015, en que el presidente del Congreso, Jesús Zambrano (PRD), abrió el debate para que el Presidente asista a un diálogo directo con las Cámaras, han pasado 27 años de difícil relación. No obstante, tanto Calderón como Peña, el 2 de septiembre optaron por dar su Informe en Palacio Nacional.

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