El Muro de Berlín, monumento histórico que dividió físicamente a una nación y simbólicamente a dos bloques políticos cumple este domingo 56 años del inicio de su construcción.

Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, las malas relaciones entre los aliados y los comunistas fueron aumentando hasta el punto que surgieron dos ideologías políticas que terminaron por dividir a Alemania.

En 1949, las zonas de ocupación occidentales en Alemania (estadounidense, francés y británico) se unieron para crear un nuevo Estado independiente denominado República Federal Alemana (RFA), y el sector oriental (soviético) pasó a llamarse la República Democrática Alemana (RDA).

Pese a la división, las fronteras entre ambos Estados permanecieron abiertas por años, hasta la mañana del 13 de agosto de 1961, cuando los habitantes de Berlín se despertaron con la sorpresa de que un enorme muro provisional había sido construido, dividiendo a la capital y a Alemania en dos partes.

El plan de la construcción del Muro de Berlín fue un secreto de Estado de la RDA, diseñado con el objetivo de impedir la pérdida de población que migraba hacia la próspera RFA.

En pocos días, la frontera provisional pasó a ser una división de ladrillo, hasta convertirse en un inmenso muro de hormigón de 43 km de longitud y 3.5 metros de altura. Posteriormente, se creó la llamada “franja de la muerte”, constituida por estrictas medidas de seguridad que incluían un foso con alambres, torres con luces de vigilancia, soldados armados, así como patrullaje de vehículos militares.

Durante los 28 años que se mantuvieron en pie los 155 km de muro e instalaciones fronterizas, se estima que 125 personas fallecieron, cientos resultaron heridas y miles fueron detenidas en el intento por cruzar.

Finalmente, el muro cayó la noche del 9 de noviembre de 1989. Miles de personas cruzaron los puntos fronterizos para reencontrarse con sus familiares separados por el conflicto, dando así por terminada la división de Alemania y representando el inicio del debacle de la Guerra Fría y de la URSS.

Al ser un punto emblemático de representación de los ideales políticos del mundo, el Muro de Berlín fue el lugar perfecto para que miles de jóvenes expresaran sus pensamientos en sus paredes. El lugar más intervenido del muro fue el lado oeste, atrayendo a miles de artistas que decidían mantenerse en el anonimato y que convirtieron este espacio en el lienzo de arte más grande del mundo hasta su caída.

En 1990, la unión de dos importantes asociaciones de arte alemanas, la Asociación Federal de Artistas (BBK) y la Asociación de Artistas (GDR), en conjunto con los promotores Bodo Sperling, Barbara Greul, Jörg Kubitzki y David Monti, dieron como resultado la creación de la galería de arte East Side Gallery.

El proyecto consistió en la creación de una galería de arte de mil 316 metros en la cara este de restos salvaguardados del Muro de Berlín. Artistas de todo el mundo viajaron a la capital alemana para dejar plasmado en 103 murales sus expresiones artísticas que rindieron homenaje a la libertad, así como para documentar mediante sus obras la esperanza de un mundo mejor producida tras el fin de la Guerra Fría.

En la actualidad, los restos de los pasos fronterizos del Muro de Berlín son una de las atracciones principales de la capital alemana. Millones de turistas cada año visitan puntos como la Puerta de Brandenburgo, la Topografía del Terror, el Checkpoint Charlie, la East Side Gallery, entre otros.

Con el paso del tiempo, este imponente monumento que llegó a representar la guerra, la división, las ideologías políticas e incluso la muerte, se ha transformado en un espacio de expresión artística y su simbología se ha desfigurado hasta el punto de representar un lugar de interés donde la gente espera minutos con tal de sacarse una fotografía de recuerdo.

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