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El gobierno español quiere que los trabajadores pasen menos horas frente a la máquina de café y más tiempo fuera de la oficina, con sus familias o dedicados al descanso. Para ello, estudia varias medidas que favorezcan una jornada laboral recortada.
Un español trabaja mil 691 horas al año de media, más que sus vecinos de Alemania (mil 371), Francia (mil 482) o Reino Unido (mil 674), aunque mucho menos de las mil 246 horas que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha medido que lo hacen los mexicanos, los que más tiempo dejan en la oficina.
El gobierno del Partido Popular ha pactado con sus socios de Ciudadanos tomar como ejemplo a los países escandinavos y racionalizar el uso del tiempo. La ministra de Trabajo, Fátima Báñez, ha asegurado que impulsará un pacto entre sindicatos y empresas para que los ciudadanos terminen la jornada a las seis de la tarde. Para ello, propone que se reduzcan las largas pausas de la comida (pasar de dos horas a una), incentivar la productividad y que la cena y la hora de dormir se adelanten.
Otra de las medidas que se estudian es cambiar el huso horario, y que España acompase su hora con Reino Unido (ambos en el meridiano de Greenwich), y deje de hacerlo con Francia y Alemania (sensiblemente más al este).
“Alguno tiene que dar el primer paso y por eso pido el compromiso de las empresas más grandes y de las asociaciones empresariales y sindicales”, ha solicitado Báñez.
Todavía no está claro si los propios ministerios podrían ser los primeros en comprimir la jornada para dar
el ejemplo.
El anuncio ha generado un fuerte debate. Colectivos como la Asociación Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) llevan años haciendo lobby sobre el tema.
José Luis Casero, su presidente, explica que su lucha es “en favor de un mejor uso del tiempo, la conciliación, la corresponsabilidad y la mejora de la productividad, eficiencia y competitividad de las empresas”.
Los críticos argumentan que el proyecto es difícilmente realizable, y que el gobierno únicamente quiere desviar la atención de las malas condiciones del mercado laboral tras la crisis económicas, con 19.4% de desempleo, más contratos temporales
y precariedad.
Los científicos han sido especialmente críticos con el cambio de huso horario, que consideran intrascendente para modificar los hábitos, porque la cantidad de horas que se inviertan en la oficina no tienen nada que ver con el sistema horario. La Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales ha calificado el debate de “político y económico”.
José Fernández-Albertos, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, explica: “Compararse con los países del norte de Europa es un error porque tienen menos horas de sol, sobre todo en invierno, y concentran la jornada laboral, lo que favorece la conciliación, pero en los países del sur de Europa es más complicado concentrar esta jornada”. Por eso considera que lo lógico sería que España se comparase con “países que están en la misma posición con respecto al sol”, como Italia y Portugal, donde las jornadas tampoco están tan comprimidas.
Pero las resistencias más difíciles de vencer parece que serán las de las empresas. La patronal empresarial (CEOE) se ha opuesto a la regulación, y las asociaciones de comerciantes han alertado de lo difícil de adelantar los horarios en un país cuya principal industria son los servicios: turismo
y hostelería.
Alejandro Echevarría, presidente de la unión de cadenas de televisión (Uteca), unas de las principales interpeladas por Báñez por los efectos que la televisión tiene sobre la hora de ir a dormir de los ciudadanos, ha anunciado que seguirán emitiendo sus programas de más éxito alrededor de la medianoche.
“El día que cambien los horarios de toda la sociedad, lo haremos nosotros. Ahora perderíamos audiencia y publicidad”, ha declarado.
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