A las 9:36 p.m. del pasado 28 de noviembre, la aeronave Avro RJ85 de la aerolínea boliviana LaMia acababa de entrar al espacio aéreo de Medellín con destino al aeropuerto de Rionegro, en Colombia. De repente, una serie de alarmas visuales y sonoras invadieron la cabina del avión. Advertía una falla grave: al vuelo 2933 que transportaba al club de fútbol Chapecoense sólo le quedaban 20 minutos de gasolina.
Sin embargo, ni el piloto Miguel Quiroga ni su copiloto Ovar Goytia le reportaron la novedad a los controladores aéreos y continuaron su aproximación como si nada. Solo 12 minutos después empezaron a advertir que tenían problemas con el combustible, pero ya era tarde. En menos de cinco minutos, los motores del avión se fueron apagando uno a uno y el sistema eléctrico quedó en falla total.

Los últimos 3 minutos y 45 segundos la aeronave planeó, sin reactores, tratando de sortear cerro Gordo, uno de los obstáculos antes de llegar a la pista de Rionegro, distante a solo 13 kilómetros. Pero a las 9:58 p.m., la cola del avión golpeó la montaña, cuando iba a 230 kilómetros por hora.

Los minutos finales del Avro RJ85 de Lamia, que transportaba al Chapecoense, fueron analizados este lunes en Bogotá, por el director de la Aeronáutica Civil, Alfredo Bocanegra, y su secretario de seguridad aérea, el coronel Freddy Bonilla, en el informe preliminar sobre el accidente.

“Es importante destacar que este se hizo con la ayuda de las autoridades bolivianas y que somos nosotros como autoridad colombiana, según se suscribe en el Convenio de Chicago, los responsables de recopilar la información para esclarecer los hechos”, explicó, Alfredo Bocanegra, presidente de la Aerocivil.

El documento, que se basó en datos del despacho de la aeronave, en grabaciones de la cabina y de sus comunicaciones, en registros de vuelo y en las trazas en los radares, da las primeras pistas para entender qué pasó el 28 de noviembre pasado.

¿DÓNDE ESTÁ EL PILOTO?

Como quedó registrado en las grabaciones, los pilotos de Lamia sabían que iban al límite de combustible, algo que en ningún momento les indicaron a los controladores. La primera señal de esto fue al sobrevolar el departamento del Amazonas.

Según audios de la cabina del Avro RJ85, en ese momento el copiloto calculó cuánto combustible le quedaba y le informó al piloto Miguel Quiroga que podían aterrizar en Leticia o en Bogotá para repostar. La tripulación, sin embargo, tomó la decisión de seguir hasta Rionegro y ni siquiera les preguntó a los controladores si era posible posarse en Leticia.

Veintidós minutos antes del accidente, una alarma se encendió indicando que solo quedaban 20 minutos de gasolina. Aunque los pilotos la vieron, la ignoraron y continuaron su aproximación hacia el aeropuerto de Rionegro. Los pilotos bolivianos tampoco informaron que sus motores se estaban apagando por la falta de combustible y solo seis minutos antes del choque solicitaron prioridad para aterrizar.

LAS FALLAS BOLIVIANAS

La semana pasada, el Ministerio de Obras Públicas Servicios y Vivienda de Bolivia señaló: “La responsabilidad directa del accidente la tienen la empresa (Lamia) y el piloto (Miguel Quiroga)”. Igualmente, el informe de la Aerocivil colombiana apunta a serios problemas en Bolivia.

El 28 de noviembre, dos horas antes de que el avión despegara de Santa Cruz, la técnica aeronáutica Celia Castedo advirtió que el tiempo de ruta era igual a la autonomía de vuelo (cantidad de combustible) y que no era suficiente para llegar a Medellín. Aeronáutica Civil llamó además la atención sobre el hecho de que no se registró un segundo aeropuerto alterno para aterrizar en caso de problemas y que Alex Quispe, el despachador del avión, firmó el plan de vuelo, pero no registró su nombre.

No obstante, según el informe, esta no es la única posible falla de las autoridades bolivianas. Según cálculos de la Aeronáutica, el peso máximo del avión era de 41 mil 800 kilos y este despegó con más de 42 mil148 kilos, es decir, con un sobrepeso de 348 kilos.

Un piloto le dijo al diario El Tiempo de Colombia (GDA) que por la carga extra pudo gastar más combustible en el momento de despegar. Además, las autoridades bolivianas autorizaron que el Avro RJ85 de Lamia volara por encima de 30 mil pies, cuando los pilotos y la aeronave solo tenía autorización para hacerlo hasta 28 mil.

LOS CABOS SUELTOS

Aunque para la Aeronáutica no queda duda de que el accidente tiene causas humanas, dos elementos climáticos hubieran podido cambiar el curso de los eventos. Por un lado, el avión se enfrentó a vientos en contra entre Bolivia y Colombia, lo cual obligó a aumentar la potencia de los reactores y el consumo de gasolina. Además, al entrar en el espacio aéreo colombiano, Lamia desvió su ruta por mal tiempo, lo cual pudo tener un impacto sobre el nivel de gasolina. Como el tanque del avión iba al límite, cualquier eventualidad era fatal.

Por otra parte, ni en el informe colombiano ni el boliviano se refirieron a las presiones internas que denunció la técnica boliviana aeronáutica Celia Castedo para dejar despegar el Avro RJ85 de Lamia, a pesar de las graves irregularidades del plan de vuelo. Castedo, actualmente en Brasil por temor a una posible persecución, dijo: “Me hostigaron y obligaron a modificar el informe”.

Alfredo Bocanegra resaltó la colaboración de la Fiscalía y de la Dirección General de Aviación Civil de Bolivia, pero dijo que la Administración de Aeropuertos y Servicios Auxiliares de la Navegación Aérea de Bolivia (Aasana), el empleador de la técnica Celia Castedo, “no permitió que accediéramos al despacho ni a las comunicaciones iniciales de la aeronave”.

La Aeronáutica tampoco logró dilucidar por qué la tripulación de Lamia apagó las grabaciones internas cuando entró a Colombia, momento en el que empezaron a hacer cálculos sobre el nivel de combustible que les quedaba.

Hay además indicaciones de que Lamia hizo por lo menos ocho viajes, antes del accidente, donde volaron al límite de la autonomía del Avro RJ85, por lo que se violaban las normas.

El informe definitivo se conocerá en los próximos meses y la Aeronáutica espera poder contar con más datos de las autoridades bolivianas para llegar a conclusiones definitivas.

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