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Washington.— Donald J. Trump entró ayer en la Casa Blanca por primera vez desde que ganó las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el martes pasado. La imagen que nadie creía que vería algún día, la de Barack Obama tendiendo la mano al magnate inmobiliario y estrella de reality show como su sucesor, se convirtió en el símbolo cordial del inicio del traspaso de poderes entre ambos.
Los dos se comportaron como actores de primer nivel, dando la imagen de una transición modélica y pacífica con un único bien común, la unidad del país tras unas elecciones que han puesto sobre la mesa la profunda división del país que se intuía, pero que se obviaba.
El primer encuentro, “excelente” en palabras de Obama, fue una charla de casi una hora y media en el Despacho Oval, futura oficina de Trump como líder de la nación más poderosa del mundo. Una reunión en la que hablaron de política doméstica y exterior, de cosas más mundanas como la gestión de equipos y organización de la Casa Blanca.
Atrás quedaron los intercambios de insultos del pasado: como cuando Trump inició la teoría de la conspiración sobre el lugar de nacimiento de Obama, o cuando dijo que era el “peor presidente de la historia”; en dirección contraria, Obama dijo del magnate que era alguien “increíblemente poco cualificado” y “temperamentalmente inadecuado” para el puesto de líder de EU, una visión que “no ha cambiado”, según dijo ayer el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest.
Al término del encuentro, Obama se declaró “muy alentado del interés de Trump de trabajar con mi equipo en muchos de los aspectos que afronta nuestro gran país”.
Trump, por su parte, se deshizo en elogios hacia el que será su antecesor como líder de EU, “un buen hombre” por el que tiene “gran respeto” y felicitó por las “grandes cosas que consiguió”. La sorpresa no quedó ahí: Trump anunció su intención de contar con el “consejo” de Obama en el futuro.
Además del encuentro entre ellos, sus esposas (Michelle Obama y Melania Trump) intercambiaron impresiones sobre el papel de primera dama del país; y sus segundos de abordo, Joe Biden y Mike Pence, respectivamente, hablaron del trabajo en la vicepresidencia. Fuera de la residencia presidencial, decenas de personas continuaban las protestas contra la elección de Trump al grito de “no es mi presidente”.
Trump aprovechó su presencia en Washington para visitar el Capitolio y reunirse con líderes republicanos en el Congreso para empezar a marcar el mapa de actuación de la administración Trump cuando tome posesión de forma oficial el 20 de enero y, por primera vez en nueve años, los conservadores dominen enteramente los poderes Ejecutivo y Legislativo.
Entre otros, habló con el líder de la Cámara Baja, Paul Ryan. “Vamos a hacer cosas absolutamente espectaculares para los estadounidenses”, señaló el magnate.
También fijó las prioridades de su gobierno: migración, sanidad y creación de empleos, así como rebajar impuestos. “Tenemos la mirada puesta en migración, donde vamos a prestar atención a las fronteras, muy importante. Tenemos la mirada puesta en sanidad y tenemos la mirada puesta en puestos de trabajo”, explicó. En materia sanitaria, el republicano ha dicho que revocará la reforma sanitaria de Obama, conocida como Obamacare.
Algo de lo que parece haberse arrepentido es su propuesta de prohibir la entrada al país de musulmanes. Ayer, la página web de la campaña de Trump eliminó esa promesa.
El “muro físico impenetrable” en la frontera de México sigue vigente. Incluso lo confirmó uno de sus asesores, el actual secretario de estado de Kansas, Kris Kobach, uno de los personajes más significativos de la línea más dura del movimiento antiinmigrante. “Soy miembro del equipo de transición en política migratoria y hay mucho que hacer en este aspecto porque Obama y Trump son diametralmente opuestos. Habrá muchos cambios”, dijo a la radio KWCH. “No hay duda de que el muro se va a construir. La única pregunta es qué tan rápido”, aseguró.
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