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A pesar de que el Buró de Investigaciones Federales (FBI) de Estados Unidos investigó durante 10 meses a Omar Mateen, autor de la masacre en el club Pulse de Orlando, por sospecha de ser un radical religioso influenciado por grupos yihadistas, el director del FBI, James Comey, informó que no hubo elementos suficientes en ese momento para detenerlo. Sin embargo, Omar Mateen estaba ya en la base de datos de antiterrorismo de la corporación.
Por otro lado, en 2007, después de la masacre en la Universidad de Virginia, el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley para el control de venta de armas consistente en revisar los antecedentes penales y mentales del comprador. De acuerdo con Guillermo Cueto, oficial retirado del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, quien radica en Florida, “esta ley también inició la creación de un banco de datos federales de todos los compradores de armas en el país”.
Desde hace años el FBI monitorea ambas redes de datos, “sin embargo, por alguna razón absurda y hasta vergonzosa, el FBI no ha cruzado ambas bases de datos. La razón por la cual el FBI no se percató cuando Omar Mateen compró las armas con las que cometió la masacre es porque su red antiterrorista, donde aparece el nombre del asesino, no está cruzada con la base de datos de los compradores de armas”, dijo Cueto a EL UNIVERSAL.
Esto ha provocado que al menos uno de los padres de las víctimas culpe al FBI de la masacre. Juan Guerrero, padre de Juan Ramón Guerrero, de 22 años, dijo que pedirá una investigación a esa agencia y de acuerdo con los resultados podría iniciar una demanda.
El FBI no se ha manifestado en relación a estos señalamientos, aunque Cueto señaló que “seguramente a partir de este hecho la agencia pondrá en marcha un sistema que les avise con prontitud cuando una persona haya comprado un arma y su nombre aparezca en la base de datos de antiterrorismo que manejan. Sin duda salvará vidas, aunque en esta ocasión haya sido muy lamentable no contar con esa herramienta”.
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