Papa pide a migrantes no perder esperanza

Dedica mensaje a 7 mil refugiados presentes en rezo de Ángelus; Visita sinagoga de Roma: “somos una familia”, dice a judíos

Francisco se convirtió en el tercer Papa en visitar la principal sinagoga de la capital italiana, ubicada enfrente del Vaticano cruzando el río Tíber, después de Juan Pablo II y de Benedicto XVI (ALESSANDRO BIANCHI. REUTERS)
Mundo 18/01/2016 02:45 Agencias Ciudad del Vaticano Actualizada 03:23
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El papa Francisco instó ayer a los inmigrantes a que no se dejen robar la esperanza y alegría de vivir, durante la ceremonia del rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro.

Al recordar que la Iglesia católica celebra la Jornada Mundial del Inmigrante y el Refugiado, Francisco recordó cómo “cada uno tiene una historia, cultura y valores valiosos, que a menudo, por desgracia, también conllevan experiencias de miseria, opresión y miedo”.

A la Plaza de San Pedro acudieron siete mil inmigrantes procedentes de 30 países y residentes en la región del Lazio para celebrar esta jornada que en el ámbito del Año Santo se convirtió en el Jubileo de los Migrantes.

“Su presencia en esta plaza es señal de la esperanza en Dios. No se dejen robar esta esperanza y la alegría de vivir, que nacen de la experiencia de la divina misericordia”, agregó.

Francisco dio las gracias a todas las personas que ayudan y acogen a los inmigrantes. También fue llevada a la plaza de San Pedro la cruz de Lampedusa, realizada con la madera de las barcazas en las que viajan los inmigrantes hacia Italia y que fue bendecida por Francisco durante su visita a la isla siciliana.

Visita sinagoga. También ayer el Pontífice realizó su primera visita a la Gran Sinagoga en Roma, donde hizo una referencia velada a los recientes ataques del Estado Islámico (EI) y condenó la violencia en nombre de la religión.

En medio de salmos en hebreo y discursos para destacar los avances en las relaciones católico-judías en los últimos 50 años, Francisco se convirtió en el tercer Papa en visitar la principal sinagoga de la capital italiana, después de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

El templo está situado justo enfrente del Vaticano cruzando el río Tíber. Las medidas de seguridad fueron extremadamente estrictas en el área, puesto que incluso los periodistas tuvieron que pasar por tres chequeos distintos. La policía antiterrorista patrullaba ambos lados de la orilla del río.

“La violencia de un hombre contra otro es una contradicción para cualquier religión que desee llamarse así, en particular para las tres grandes religiones monoteístas [el Judaismo, el Cristianismo y el Islamismo]”, dijo el Papa, en una aparente referencia a los atentados yihadistas.

“Los conflictos, las guerras, la violencia y las injusticias abren profundas heridas en la humanidad que nos llaman a fortalecer el compromiso con la paz y la justicia (...) Ni la violencia ni la muerte tienen la última palabra ante Dios”, declaró.

Además, dijo que “todos pertenecemos a una misma familia, la de Dios” y dedicó parte de sus palabras a los crímenes del nazismo: se refirió a la deportación de más de mil hombres, mujeres y niños desde Roma al campo de concentración de Auschwitz en octubre de 1943. “El pasado nos debe servir de lección para el presente y para el futuro”, advirtió. El gran rabino Riccardo Di Segni destacó que el Papa recibió a numerosas delegaciones judías y visitó Israel. Elogió además los encuentros pacíficos entre las religiones como una señal de peso contra la violencia en épocas de fanatismo.

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