José Vales. Desde el Cono Sur

28/09/2015
08:28
José Vales / Corresponsal
Buenos Aires
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Un peronista en el Capitolio

Todas las imágenes y todas sus palabras están aún muy frescas. El paso del Papa Francisco por Estados Unidos, dejó un dossier de temas a analizar, sobre los grandes temas de la política mundial, pero que tienen un efecto inmediato en la región, como por ejemplo la abierta defensa de los migrantes. Simbólicamente, el paso del Papa por Estados Unidos, conmovió a no pocos sudamericanos y a no pocos argentinos, en tiempos de carencias políticas, Francisco se erige, no cómo un líder religioso, el máximo para todos los católicos, sino en un hombre de profundas raíces políticas. Un ser que respira política por los poros, como le solía ocurrir cuando era cardenal y obispo de Buenos Aires.

De Néstor Kirchner podrán enumerarse muchas críticas. Incluso que con la salud frágil decidió inmolarse, pero no le faltaba razón cuando señaló, en su momento, al cardenal Jorge Bergoglio, como “el jefe de la Oposición”. Y es que el entonces arzobispo era el único capaz de ocupar ese rol en un país donde la más feroz oposición al kirchnerismo fueron ellos mismos.

Su discurso ante el Capitolio tuvo efectos inmediatos en la política interna de los Estados Unidos. Después de su discurso en las Naciones Unidas, a todos los presidentes que sucedan a Dilma Rousseff a partir de hoy, esa tarima les quedará un poco grande. Venía de cerrar con broche de oro el acuerdo entre Washington y La Habana y al precio de uno, ofreció dos acuerdos. Aprovechó a sellar el de las FARC con el gobierno de Juan Manuel Santos. Francisco no puede despegarse del Bergoglio que lleva dentro. Y Bergoglio es argentino, hijo de inmigrantes y peronista para más datos. El andar a bordo de un Fiat “Cincuencento”, el romper el protocolo, el visitar una cárcel en Filadelfia y saludar a cada uno de los reclusos, o almorzar con cientos de “Homeles”, se asemejan a conductas de político en campaña. Pero en su caso, obedece a ser cada vez más humildes cuando la humildad está en franca extinción.

Por allí quedó flotando la versión de que al mandatario que le rechazó un pedido de entrevista era, precisamente, a Cristina Kirchner. Pero lo de “jefe de la Oposición” quedó en el pasado. Hoy es un aliado fundamental de los Kirchner y principalmente de la presidenta, por lo tanto todo eso es inexacto. No fue a CFK a quién le rechazó el pedido de entrevista, porque no existió ese pedido desde Buenos Aires. Sólo en La Habana saben que el presidente que se vio privado de unos minutos con el Papa, fue el venezolano Nicolás Maduro, como lo dejaron trascender.

El mensaje desde el Vaticano fue claro ya hace algunos meses. El Papa sólo visitará Caracas cuando no haya más presos políticos. Y en Caracas cada vez hay más presos políticos y más presiones contra los que buscan salidas a la crisis.

Es justamente su peronismo, cada vez más inocultable, el que lleva a Francisco a seguir de cerca el repunte del gobernador Bonaerense, Daniel Scioli, en la campaña presidencial. De hecho, los amigos del Papa señalan a Scioli como su candidato, lo que demuestra una vez más que el Papa no le teme a los desafíos por más graves que se vislumbren. Tendrá por delante mucho trabajo y silencioso de cara a lo que puede desatarse en Argentina, en los próximos meses. Lidiar con un eventual gobernador, como Aníbal Fernández, actual jefe de gabinete a quien muchos apodan “José efedrina” y los efectos de una devaluación, con la herencia económica que dejará el kirchnerismo, no será fácil. Se necesitará de toda la influencia del Papa para salir lo más rápido posible de un marasmo semejante. Podría decirse que aún falta poco más de un mes para las elecciones y para dar vuelta los pronósticos. Pero es que ninguno de los contrincantes asegura ni paz, ni amor, y mucho menos bienestar para una sociedad drogada con la “burundanga” del clientelismo y el “proyecto”. Una sociedad que como premio consuelo a su desarrollado ego colectivo sólo puede deleitarse con las aventuras de uno de los suyos, del Sumo Pontífice peronista, en Nueva York o en el Capitolio. Demasiado poco para tantos problemas estructurales por resolver.

 

 

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