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Alfredo Tovar García enciende su auto y al mismo tiempo se escuchan los boleros de Los Tecolines, uno de los tantos discos pirata que le acompañan todos los días en la ruleteada.
Desde hace 48 años trabaja como taxista, labor que le permite mantener a su esposa y con la que logró sacar adelante a sus cuatro hijos, quienes ya le siguen sus pasos.
Trabaja en la base situada afuera del Auditorio Nacional, en la zona de Polanco, donde el banderazo es de 24.80 pesos. Ahí bromea con sus compañeros sobre la “competencia desleal” que les representan las empresas Uber y Cabify.
Alfredo maneja, un Dodge Attitude 2004, porta placas específicas de taxi, pero incumple con la cromáticia oficial guinda y oro.
Adornó el interior con un diamante de bisutería, dice que es “para atraer el amor y la fortuna”, aunque asegura que le cayó la mala suerte cuando se casó. Pero su mayor tesoro son los discos de boleros y danzones que lo desestresan en las 10 a 12 horas de trabajo diarias, en las cuales obtiene mil pesos diarios. De esa cantidad le quedan 400, “porque hay que descontar la gasolina y comidas”.
Dice que el gobierno capitalino no prohibirá Uber: “Están fuera de la ley pero ahí hay mucho dinero y al gobierno le gusta el dinero”.
A la par admite que en su gremio hay abusos al usuario: “Sí nos afecta porque nos están tumbando trabajo, pero en algunas cosas nos obligan a trabajar como ellos: bien limpios los carros, y uno bien limpio y perfumadito”.
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