Comparten con sus fieles difuntos

El panteón de San Lorenzo Tezonco lució abarrotado por vecinos de Iztapalapa

Trios, mariachis, norteños, grabadoras y bocinas, llenaron el ambiente del cementerio de acordes para dar serenata a las tumbas, las cuales estuvieron llenas de flores y adornos coloridos (GERMÁN GARCÍA. EL UNIVERSAL)
Metrópoli 03/11/2016 00:49 Fanny Ruiz-Palacios Actualizada 10:20
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Con flores, ofrendas y música, vecinos de Iztapalapa recordaron a sus seres queridos que reposan en tumbas del Panteón Civil de San Lorenzo Tezonco.

Algunos llegaron desde las 8 de la mañana para comprar rosas, gladiolas, nube, palma, cempasúchil y otras flores para adornar las tumbas. Los precios variaron según el puesto, había ramos surtidos desde 10 hasta 60 pesos; la docena de rosas se ofreció en 150 y las macetas de cempasúchil a 20.

Los accesos al panteón fueron invadidos por puestos, no sólo de flores, sino de comida y frituras. La mayoría arribó a pie, otros prefirieron acercarse a la tumba de sus parientes en carro o en mototaxi y bicitaxi.

En el cementerio predominó la alegría, pero también se percibió nostalgia y tristeza. Lágrimas rodaron por las mejillas acaloradas por el sol, delatando la tristeza de quienes aún no superan la muerte de un familiar.

Para Bernardo está fecha es complicada porque recuerda a su hijo que falleció a temprana edad. Aunque murió a consecuencia de un aneurisma hace nueve años, el dolor aún lo invade.

“Estas fechas nos deprimen un poquito a mi esposa y a mi, pero igual tratamos de encontrar lo positivo de esta celebración”, expresó.

En este camposanto no sólo la nostalgia estuvo presente, pues hubo quienes celebraron con música el hecho de poder reunirse con sus parientes que se adelantaron al Mictlán.

Cincuenta pesos pagaron para escuchar canciones entonadas por mariachis, trios o norteños. Otros prefirieron llevar grabadoras o bocinas para dar una serenata a sus parientes.

Algunos más desayunaron con las almas de sus parientes. Cómo José Javier y su familia, quienes llevaron hasta la sepulcro del jefe de familia, carne de puerco en salsa roja con nopales, atún, chuletas, frijoles y café.

“Venimos a ver a mi papá que falleció hace casi dos años, no teníamos la costumbre de festejar el Día de Muertos, apenas es nuestro segundo año que lo festejamos. Venimos a desayunar con él desde temprano, le adornamos la tumba, la limpiamos y nos vamos un poco más tarde”, señaló.

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