El “Palacio Negro” de Lecumberri

Metrópoli 01/05/2016 00:15 Redacción Ciudad de México Actualizada 21:31
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La Ciudad en el Tiempo nos lleva a un recorrido por la Penitenciaría de Lecumberri

Una imagen del interior de la antigua Penitenciaría de Lecumberri alrededor de 1910. En ambos niveles se aprecian las celdas de los reos, dispuestas conforme al tiempo de las condenas, y al fondo, la torre de vigilancia, estratégicamente ubicada en el punto donde convergían las crujías. Imagen: Col. Villasana-Torres

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El patio exterior de la zona de talleres de la Penitenciaría de Lecumberri en una imagen de 1908. Al fondo se alcanza a ver el Peñón de los Baños, en una desolada vista. Crédito: Col. C. Villasana-R. Torres

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Una toma en la que se aprecian recién terminadas las obras de ampliación de la parte norte de Lecumberri que concluyeron en 1909. Del lado izquierdo se alcanzan a distinguir las primeras vías de comunicación que conducían hacia este sitio. Al fondo se aprecia el Peñón de los Baños. Crédito: Col. Villasana-Torres

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Una imagen en la que se aprecia el Palacio de Lecumberri en un típico día de visita en los años veinte. Cientos de desgarradoras historias marcaron para siempre a este célebre espacio que se ganó el mote de Palacio Negro. La famosa cinta mexicana “El Apando” aborda la vida de los reclusos al interior del penal. Col. Villasana-Torres

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Los alrededores de la Penitenciaría de Lecumberri en 1932. En el centro de la imagen se aprecia la fábrica de loza El Ánfora, sitio que hoy ocupa una tienda Chedraui; más arriba, la curva arbolada es el Gran Canal del Desagüe, y la diagonal que se abre hacia la izquierda era el antiguo Canal de San Lázaro, ahora la avenida Oceanía. Imagen: ICA/Aerofoto

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Los reclusos de la Penitenciaría de Lecumberri juegan un partido de voleibol en 1950. Imagen: Revista Life

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Un grupo de periodistas se reúne en la Penitenciaría de Lecumberri poco antes de su cierre en 1976. En la fachada se alcanza a leer el letrero “Cárcel preventiva de la Ciudad de México”. Imagen: El Universal

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Una fotografía captada el 10 de mayo de 1968 en la que se aprecia un póster alusivo al Día de las Madres en la reja de la crujía “B” del Palacio de Lecumberri. Imagen: El Universal

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El interior del Palacio de Lecumberri ya transformado en el Archivo General de la Nación. Las celdas que alguna vez alojaron reos ahora eran cubículos. Imagen: El Universal

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La antigua Penitenciaría de Lecumberri vista desde las alturas en la década de los setenta. Abajo se encuentran el Jardín "Convención de Aguascalientes" y el actual Eje 3 Oriente, Eduardo Molina. Imagen: Jorge Romo

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Conocido popularmente como el “Palacio Negro” de Lecumberri se inauguró el 29 de septiembre de 1900 y sirvió como penitenciaría desde ese año hasta 1976. Hoy es sede del Archivo General de la Nación.

La Penitenciaría de Lecumberri se inauguró el 29 de septiembre de 1900, durante el régimen de Porfirio Díaz, y sirvió como cárcel desde ese año hasta 1976.

El nombre de Lecumberri se debe a que está edificado en las tierras que antiguamente le pertenecieron a un español que llevaba ese apellido.

El proyecto arquitectónico corrió a a cargo de los ingenieros Antonio Torres Torija Torija, Antonio M. Anza y Miguel Quintana.

Originalmente fue planeada para albergar una población de 800 varones, 180 mujeres y 400 menores de 18 años. Contaba con 804 celdas, talleres, enfermería, cocina y panadería. Las crujías tenían celdas para un solo preso con cama y servicio de sanitario.

“Se levanta por el rumbo de San Lázaro;  tiene la forma de un rectángulo de 222 metros en sus lados Norte y Sur, y de 248 en los del Este y Oeste. Abarca una superficie de cinco hectáreas y puede encerrar de 700 a 750 asilados, los cuales deben ser exclusivamente reos del Distrito Federal y sentenciados por delitos del orden común. El régimen penitenciario consta de tres períodos. En el primero sólo se le dan al reo los alimentos indispensables para su subsistencia y se le incomunica por tres meses; en el segundo, trabajan los reos en talleres de herrería, carpintería, zapatería, etc. y en el tercero se retira toda incomunicación a los presos y si su conducta es buena, se les concede libertad preparatoria”.  Fragmento de “La Penitenciaría del Distrito Federal”, publicado en 1912.  

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