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Junto a sus nueve hijos, la familia Enciso Cejudo acude desde hace cinco años a la representación de la Semana Santa en Iztapalapa, cinco de los pequeños llevan su cruz, tres niñas los acompañan y una bebé es llevada en carriola; descalzos realizaron un recorrido por la demarcación.

Mario Alfredo, Lupita Amor, Jessica Liliana, Miroslava, Andrés, Rodrigo Baduel, Jorge y Joaquín Israel acuden cada año con sus padres y esta vez con uno más de sus hermanos.

“Comenzó la tradición cuando tenía cuatro años Baduel, y ya cada año se va incorporando uno, Mario Alfredo es el más chiquito que se ha incorporado, siempre empiezan a los cuatro años, pero él comenzó a los dos”, dijo el padre de los pequeños.

De 10, nueve, unos gemelos de ocho, siete, seis, cinco, dos y seis meses, los pequeños, emocionados, cargan su cruz y caminan hacia el Cerro de la Estrella. Quieren llevarle el paso a Jesús, aunque los más pequeños los detienen un poco.

“Ellos escogen su madera, el peso, y yo sólo la corto y ellos la arman”, comentó el señor Enciso Cejudo.

El más interesado en participar en la representación es Baduel; en algunos años quiere interpretar al hijo de Dios, pero hasta que pueda tener la edad requerida seguirá caminando junto a sus hermanos.

Los pequeños suben descalzos al cerro, aunque sus padres les piden que usen sus huaraches, ellos se los quitan. Sólo Mario Alfredo resultó lastimado de los pies.

Quieren ser María. Durante 13 años Agustín Marqués acude al Viacrucis de Iztapalapa, no paga ninguna manda, sólo agradece a Dios las cosas buenas que le han pasado durante el año a él y a su familia, aseguró.

Katia y Katerine acompañan a su padre a cargar una cruz de alrededor de 40 kilos, aseguran que los hacen con devoción y gusto. Vestidos de morado, los tres recorren las calles del centro de Iztapalapa.

Agustín descansa antes de que comience el Viacrucis; las jóvenes de 15 y 13 años lo alientan y esperan para poderlo ayudar a que cumpla su promesa de llegar al predio de las tres cruces.

“Yo siento bonito, es muy padre subir, lo hacemos de corazón y se agradece a Dios, las dos venimos ayudando a cargar la cruz a nuestro padre y estamos orgullosas”, dijo Katerine.

Son originarios de Iztapalapa y las dos jóvenes esperan algún día participar en la representación de la Semana Santa, aunque ahora sólo es un sueño que le cuentan a su padre mientras esperan para comenzar a caminar.

“Yo quiero ser la Virgen de los Dolores y estoy trabajando para cumplir con los requisitos, sería un sueño para mí y mi familia”, comenta Katerine.

Katia también desea participar, ser algún día una de las tres vírgenes que acompañan a María, pero no está tan deseosa, pues sabe que faltan muchos años para poder cumplir ese sueño.

Agustín desea que sus hijas continúen con las tradiciones y asegura estar feliz de que la acompañen, pues además se ha generado un vínculo afectuoso que no lo podría tener en otro momento.

“Me llena de orgullo que ellas estén conmigo, y que en algún momento quieran ser parte de este evento tan importante para nosotros y nuestra tradición, Katerine me había comentado los requisitos que requiere para ser una de las vírgenes y ojalá en unos años se pueda cumplir ese sueño”, comentó el padre de familia.

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