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Vamos rumbo a Villa Alpina, en el Estado de México. Es domingo por la mañana y, por alguna razón, el cielo en domingo siempre es más azul. Es julio. Viajamos un trayecto de cerca de una hora; la temperatura desciende y nos encontramos inmersos en el bosque mexiquense, donde nos espera Don Miguel Ángel González, un recolector experimentado de la zona. A lo largo de la carretera notamos ya los cambios que las lluvias han traído consigo: todo es más verde y el bosque está contento, tanto que de él brotan, como cada año, miles de hongos —comestibles y venenosos— al pie de los ocotes, del oyamel, del zacate y los encinos.


Toma tu canasta
Recolectar tus propios hongos es una aventura. Los bosques aledaños a la ciudad de México, como los de Milpa Alta o en los corredores turísticos del Estado de México, están llenos de oyameles, los árboles favoritos para encontrar hongos.
Seguramente, en tu deambular encontrarás muchas variedades de estos pequeños frutos de la tierra, pero tienes que tomar en cuenta que no todos son aptos para consumo humano, pues uno de los mecanismos que tienen para defenderse es la segregación de toxinas. OJO: si el hongo presenta colores llamativos, por ejemplo rojo, ligeramente anaranjado por la parte de abajo o amarillo y aplanado, seguramente es tóxico. Ahora, ¿cómo identificas cuáles son buenos para cocinar? Toma nota de los animalitos que deambulen debajo o entre los hongos. Si los gusanitos se lo comen, tú también puedes. También busca debajo del zacate o al pie de los árboles. Al cortarlo, escarba entre la tierra para cortarlo desde la base. Límpialo de la tierra con un trapo seco y un cuchillo (no los laves) y comienza a cocinar.
*Agradecimiento
Las recetas son de Rosario Gutiérrez Gutiérrez, quien las cocinó especialmente para Menú.
Dale chick acá: Recetas de cocina de campo.
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