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Si las elecciones presidenciales fueran hoy ganaría López Obrador. Esto que se escucha y se lee por todos lados es cierto. Hoy ganaría finalmente López Obrador. Sólo que hoy no hay comicios, éstos serán hasta 2018 y entonces no ganará a pesar de haber ganado todos y cada un de los días previos al primero de julio. Tal vez la razón para que no sea el triunfador ese día, es que lleva años ganando elecciones todos los demás días, menos el de las elecciones. Si las elecciones fueran hoy, efectivamente ganaría el candidato de Morena.
La paradoja es que el eterno ganador de elecciones que no se celebran es el más constante perdedor de la política mexicana de los últimos tiempos. En 2018 no habrá quien pueda volver a sacar al PRI de los Pinos, como lo hizo Fox en el 2000. No tanto el mérito del PRI sino la ausencia de retadores. No hay oposición política a pesar del hartazgo ciudadano con los políticos, incluyendo a todos, pero particularmente con funcionarios del PRI en funciones.
Una encuesta reciente (Mitofsky) muestra que el PRI es el partido que más rechazan los mexicanos, con 51.7%. El PAN se lleva el 35 por ciento de rechazo y Morena muy cerca, con el 34.7%. Conforme a estos resultados “si las elecciones para presidente fueran hoy”, es decir el día de la encuesta, sin considerar candidato, 24.5% votaría por la coalición PAN-PRD-MC., 21.2% lo haría por PRI-PVEM y 26% por Morena-PT. Los independientes lograrían 9.9%.
La Presidencia de la República también hace encuestas, lo que es lógico aunque algo irrelevante, lo significativo es que las hagan públicas y se difundan por redes sociales. A la fecha la Presidencia de la República lleva 19 encuestas que se conocen como “Proceso Electoral (fase previa)”. La encuesta presidencial más reciente coincide con Mitofsky en que el PRI es el partido menos favorecido por la ciudadanía. A la pregunta “¿Por cual Partido definitivamente no votaría Usted?”, la respuesta fue de 37.90% para el PRI (la más alta) mientras que por Morena no votaría el 10.80% (la más baja).
Las encuestas presidenciales también dan favorito a López Obrador. En la más reciente AMLO ronda el 31%, mientras que los que más se acercan, Osorio Chong, Meade y Narrro andan por el 20%. Entre los panistas Ricardo Anaya es el mejor, pero abajo de los priístas y todos abajo de AMLO. En el PRD el único que sobresale es Miguel Ángel Mancera, aunque también abajo de AMLO. Los independientes no existen hasta que consigan las firmas necesarias para aparecer en las boletas, pero no se ve que ninguna candidatura independiente vaya a crecer.
La política mexicana es tierra de paradojas. El PRI para ganar necesita un candidato que sea lo suficientemente priísta como para no desencantar a sus fieles del voto duro, pero al mismo tiempo se convierta en un candidato no tan priísta, con un margen de autonomía para evitar su liga con el presidente Peña Nieto. Deberá ser priísta priísta, pero no tanto. El primer requisito no lo reúne Meade, que por el momento se escucha como el más viable candidato oficial. Tiene en su contra su pasado panista. El hecho que haya declarado que votó por Peña Nieto, siendo funcionario panista, opera en su contra. A los mexicanos —a los priístas menos— no les gustan los que cambian de chaqueta. Meade es el mejor ejemplo de lo que AMLO pregona como jugada de la mafia del Prianismo. Por otra parte, los dos requisitos en contrasentido: ser y no tanto priísta los reúne José Narro, que es sin duda lo mejor que el PRI puede ofrecer para 2018.
El PRI ganará en 2018 a menos que el Presidente saque de la manga a un impresentable, como hay varios. Ganará el PRI porque en la penuria política que agobia al país es paradójicamente lo mejor que los electores tendrán a la vista. Ninguno de los opositores pasa la prueba de confianza ciudadana y AMLO, el eterno perdedor, se irá desdibujando nuevamente. AMLO es, aunque no lo sea, un peligro acreditado para el sentir popular. El PRI se quedará en Los Pinos, la incógnita es si será Melón o será Sandía.
Investigador nacional en el SNI.
@ DrMarioMelgarA
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