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Después de unos ricos chilaquiles, según refiere Salvador García Soto, el senador Monreal anunció una iniciativa que muestra sin recato la intención del Presidente de controlar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La idea de una nueva Sala Anticorrupción se aparta de la técnica de organización judicial. Atenta contra la idea disponer de una Suprema Corte como un auténtico tribunal constitucional.
Asignar a la Suprema Corte asuntos específicos como “cuestiones de responsabilidad administrativa y delitos que tengan por origen hechos o actos de corrupción”.
O bien: “Encargarse de determinar las daños y perjuicios ocasionados a la hacienda pública federal o al patrimonio de los entes públicos”, corresponde técnicamente a un tribunal de cuentas, pero no ante una Sala de la Suprema Corte.
Convendría que los asesores del senador Monreal que prepararon este golpe a la Corte revisarán las facultades y organización del Tribunal de Cuentas que estableció la Constitución española en 1978, con la atribución de fiscalizar al sector público y el enjuiciamiento de la responsabilidad contable y se enteraran de la historia constitucional de México.
El propósito es otro, vestido con un traje anticorrupción. Es claro, totalmente previsible, el intento de controlar a la Suprema Corte con el aumento en el número de los ministros. La idea no es nueva y mucho menos original.
El presidente Franklin D. Roosevelt tenía urgencia de implementar sus medidas de New Deal que la Suprema Corte no autorizaba. Por ello intentó fallidamente recomponer a la Corte.
Roosevelt, a quien López Obrador admira, presentó una iniciativa de ley que lo autorizaría a nombrar un nuevo ministro por cada uno de los ministros en funciones que tuviera 70 años o más, lo que llevaría a la Corte a estar integrada por 15 ministros, en lugar de nueve. Intentó algo similar con los jueces federales, los integrantes de los tribunales federales de apelación y de los juzgados de distrito, en edad avanzada.
Esta propuesta confrontó a Roosevelt con la Suprema Corte y generó alta tensión entre los dos poderes.
Roosevelt perdió y desde entonces ningún presidente de ese país se ha atrevido a modificar la composición de la Suprema Corte, a pesar de la importancia de su integración ideológica.
@DrMarioMelgarA
Consejero fundador del Consejo de la
Judicatura Federal
***Fotografía: La propuesta de crear una nueva Sala Anticorrupción llevaría
a la Suprema Corte a tener 15 miembros y no nueve. (ARCHIVO EL UNIVERSAL)
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