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A todo vapor comenzaron los trabajos para una reforma del Estado y electoral. Ha iniciado la ruta hacia la ya tradicional reforma electoral sexenal. Serán meses de intensa labor para escuchar y atender las demandas de quienes son parte en los procesos comiciales, pero, sobre todo, para garantizar los derechos políticos de las y los ciudadanos.
En esta ocasión la reforma tiene un asidero diferente. No se trata de atender a reclamos de la oposición, ni de un pacto político. Es una agenda que busca hacer eco de todas las voces y fuerzas políticas involucradas; hombres, mujeres, autoridades, academia, sociedad civil, partidos políticos, todas las voces son llamadas al micrófono. Es de celebrarse que los Foros de la Reforma del Estado y Electoral —ejes de discusión de la reforma— centren la discusión en temas relegados en las últimas modificaciones e indispensables para una reingeniería institucional.
La temática propuesta acierta al abordar la discusión a partir de la distribución de competencias de las autoridades, así como bajo la óptica del nuevo gobierno, de austeridad y eficiencia. Sin embargo, este abordaje no se olvida de la atención a los grupos tradicionalmente discriminados, así como del uso de las nuevas tecnologías como medio para acercar a la ciudadanía a la toma de decisiones.
Atención especial merecerán los planteamientos que se hagan respecto a consultas, revocación de mandato y la forma en que se está ideando su implementación. Seguramente recaerán estos ejercicios en las instituciones electorales, las cuales deberán velar por que se realicen de buena manera y que no violen el principio de equidad e imparcialidad de los recursos públicos.
Todas estas mesas de análisis deberán partir del reconocimiento al trabajo hecho durante más de tres décadas en el ámbito legislativo, institucional y jurisdiccional. Sería un error no mirar todo lo que hemos caminado a lo largo de este tiempo. No observar las formas en que se han combatido las malas prácticas y cómo se ha perfeccionado nuestro ciclo electoral sería una terrible equivocación. Sin embargo, también es momento de corregir excesos, revertir negociaciones políticas que distribuyeron competencias de manera equivocada, y fortalecer mecanismos de independencia y de erradicación de la corrupción. Sugiero foros regionales, desde lo local, hay mucho que analizar y reflexionar.
El sistema electoral mexicano (como modelo) es reconocido por ser uno de los más robustos, confiables y ciertos. Esto nos ha permitido llevar a cabo elecciones más allá de lo técnicamente recomendable. Ese debe ser el objetivo de la reforma, tener foros que vean a la democracia como agente de cambio que permite satisfacer las necesidades de la población y generar estabilidad política en el país. No debemos permitir que sea una reforma de unos cuantos, ni de filias ni de fobias. Debe ser la reforma de México.
Pese a lo amplio y robusto del temario, valdría la pena agregar algunas otras reflexiones: 1. Violencia política en razón de género (medidas de protección, reparación y sanciones) 2. Estructura de la organización de elecciones. 3. Políticas de inclusión y acciones afirmativas; 4. Representación indígena (cuota); 5. Nuevas tecnologías e integridad electoral. 7. Casilla única. 8. Sistemas normativos internos. 9. Catálogo de delitos electorales. 10. Propaganda gubernamental.
Ya lo decía Kofi Annan, las elecciones celebradas con integridad pueden profundizar la democracia e intensificar las deliberaciones y el razonamiento de la población sobre los temas más importantes y la forma de abordarlos (Comisión Global, 2012). Esa debe ser la meta seguir. Que los enconos personales de unos pocos, no afecten la estabilidad y fuerza de nuestras instituciones electorales, que son de todos.
Doctora en Derecho por la UNAM. Iniciativa de Integridad Electoral de la Fundación Kofi Annan.
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