El filósofo mexicano Francisco Ugarte en su libro El hombre actual en busca de la realidad, nos dice que hay 3 formas de ver la realidad: el relativismo, el dogmatismo y el realismo.

Para el relativista no hay verdades absolutas, todo es relativo; para el dogmático él tiene la verdad absoluta, por lo que se sobrevalora a sí mismo; el realista reconoce que las cosas poseen su propia verdad por lo que puede admitir que la realidad es compleja y su inteligencia limitada, y así sigue un proceso permanente que busca conocer la verdad en las cosas.

El dogmático sobrevalora la capacidad de su inteligencia y una exagerada seguridad subjetiva de estar siempre en la verdad. Esto, nos dice Ugarte, se traduce en una actitud de aferrarse, de una forma irracional, a la supuesta verdad que él posee.

La reacción del presidente López ante la baja de calificación crediticia de la deuda de Pemex nos da indicios de un presidente dogmático, es decir, alguien que se aferra irracionalmente a la supuesta verdad que él posee.

AMLO aseguró que las calificadoras son “hipócritas” y permitieron el saqueo de Pemex; avalaron la reforma energética que no incrementó la inversión, lo que produjo la caída de la producción petrolera. ”Nunca dijeron nada, guardaron un silencio cómplice y ahora que estamos recuperando a Pemex salen con sus recomendaciones”. Pemex está mejor que hace 30 años porque su principal problema es la corrupción y ya se está limpiando”, concluyó el presidente.

López Obrador en su discurso inaugural nos dijo: “La política económica neoliberal ha sido un desastre, por ejemplo, la reforma energética, que nos dijeron que vendría a salvarnos, sólo ha significado la caída en la producción de petróleo… se aseguraba que íbamos a producir 3 millones de barriles diarios, y la realidad es que estamos extrayendo solo 1 millón 763 mil barriles diarios, es decir el 41% menos de lo estimado y con tendencia a la baja”. Como vemos fue el propio presidente quien nos dice sobre la caótica situación de Pemex y su tendencia negativa.

También tenemos que la deuda de Pemex ha crecido en los últimos 8 años de 53.8 mil mdd a 104mil mdd, es decir más del 90 % en ese periodo. Por otra parte, Pemex importa entre 65% y 70% del total de las gasolinas que se venden el país. Además tiene las mermas por huachicol de cuello blanco (9 % aprox. del consumo de gasolina) más lo que se realiza con la extracción de ductos. Pemex padece corrupción adicional tanto del sindicato, moches en contratos, altos costos operativos. Todo nos dice que Pemex atraviesa por su peor momento, tanto en operación como en posición financiera. ¡Esto es indiscutible! Peña entregó a Pemex prácticamente quebrada como lo señala Fitch, y bien dice AMLO… ¡SAQUEADA!

Fitch Ratings rebajó la calificación de Pemex y la perspectiva es negativa, como reflejo del continuo deterioro del perfil crediticio de la petrolera, la cual ha sido técnicamente insolvente desde 2009, señala el informe.

El negocio de Pemex es exportar petróleo crudo, lo que le ha permitido vender grandes volúmenes con altos márgenes de utilidad bruta.

Hoy a las calificadoras les preocupa el monto de los pasivos de Pemex, tomando en cuenta que se debe 104 mil mdd, aunado a la reducción de exportaciones de crudo ante la baja producción.

Fitch Ratings es claro: la empresa necesita “un soporte más robusto por parte del gobierno” para poder hacer frente a sus necesidades de flujo de caja. Fitch aplaude las medidas de la nueva administración como combatir la corrupción e inyectar capital a la petrolera, pero considera que son insuficientes para mejorar la salud financiera de la empresa. Fitch pregunta, ¿En qué debe invertir Pemex en estos momentos de crisis? ¿Extracción o refinación de petróleo?

También las calificadoras ven mayor incertidumbre en algunas políticas públicas del nuevo gobierno que afectarían la calificación soberana, es decir el riesgo país. Más vale que AMLO no se pelee con la cocinera, y sea menos dogmático y más realista.

Ingeniero industrial y empresario

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