Le roi est mort, vive le roi

Lilia Aguilar Gil

"El rey ha muerto, Viva el Rey" es una expresión de la sucesión monárquica, principalmente en Francia, cuando moría el rey en turno y la sucesión en la monarquía era inminente.

Pareciera que esto que presenciamos en el mensaje del VI Informe de gobierno de Enrique Peña Nieto. Y no lo digo por las remembranzas emocionales, la mea culpa sobre la seguridad o las lágrimas tipo televisa que dejaron correr Angélica Rivera y su hija, sino por la presencia en primera fila de Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Cámara de Diputados, Martí Batres, presidente del Senado, y otras personalidades que hoy ya colaboran con el nuevo gobierno y que aplaudieron a Peña con nostalgia y pareciera, hasta con aprecio.

No me mal interprete lector, sé que Batres y Muñoz Ledo tenían que atender dicho evento como representantes del Poder Legislativo. Estos personajes, sobre todo el segundo, conocedores de las formas y las instituciones, no pueden representar solo al grupo que los hizo llegar al poder, es decir, la Coalición Juntos Haremos Historia, tenían que hacerlo como hombres de Estado y representantes de todos los mexicanos bajo el sistema republicano de control de poderes que rige a este país, y así lo hicieron. Lo que llama la atención es la manera en que Batres y otros hicieron acto de presencia en el mensaje presidencial. si, como embajadores de buena fe, pero con una consigna rara, "no sonreír".

Como en las monarquías, que eran el símbolo irrestricto de un sistema autoritario bajo la lógica de la selección divina de dios, así se comportó este gobierno. La selección divina les permitía hacer a los reyes, reinas y monarcas en general lo que quisiera, por encima del mejor interés de los gobernadores "el populo", manteniéndoles en la miseria para compensar los privilegios de la poca clase gobernante; así lo hicieron Peña y sus socios.

Sin embargo, es maduro no sólo analizar lo negativo de este gobierno, sino reconocer sus aciertos. Exitió en los hechos un avance en materia económica, sobre todo en lo que corresponde a tratados y alianzas comerciales, pero sin desarrollo social. Además hay que destacar lo que dijo el propio Peña: este gobierno no pudo con la inseguridad, la desatendió y la dejó avanzar, frente al desastroso escenario que había dejado Felipe Calderón. Este sexenio será pues no sólo el de los 43 desaparecidos, sino el que normalizó la impunidad y la corrupción, la hizo pública y casi la elevó a valor nacional, el sexenio que hizo de la clase política una verdadera clase social de privilegios exacerbados y de actos vergonzantes.

Lo que esperamos los mexicanos es la eliminación de los privilegios. Lo que no podemos permitir es que este sistema de privilegios vueva a repetirse bajo el ojo atónito, pero inactivo de los mexicanos. Lo cierto es que aunque la forma es fondo, el gobierno entrante debe actuar más en concordancia con las acciones que con la narrativa. La experiencia de Peña debe mostrarles que estas narrativas se caen al paso del tiempo y no importan los eventos, los saludos, los discuros, al final lo que queda son las acciones y sus consecuencias.

Hago votos por que esta administración convierta nuestra esperanza en realidad, no actúe como la monarquía que estamos a putno de dejar atrás y, que lo haga como un grupo de hombres y mujeres que tenga miras de futuro, que sepan los retos que enfrentan, que sepan que el bono democrático se acaba, y que las esperanzas generadas fueron muchas; que los que difieren de ellos no son sus enemigos, sino la natural expresión de un país como este, donde se vale y se puede disentir, donde el ojo crítico no sea visto como un ojo antagónico, sino como una portunidad de construir, con diversidad e inclusión.

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