La legalización del aborto en Argentina: efectos políticos colaterales

Juan Russo

El debate en Argentina ha acercado a políticos y a ciudadanos, y en ese sentido ha “humanizado” y roto por primera vez en mucho tiempo con la demonización.

El debate sobre la legalización del aborto ha impactado en la cultura democrática argentina. El pais vive un ejercicio de democracia deliberativa como no se vivía desde las épocas del referendum por el canal de Beagle, o del Congreso pedagógico, planteados por el gobierno de Raul Alfonsín en los años 80 del siglo pasado.

El tema de la despenalización del aborto estuvo presente en la ultima década en los movimientos sociales y en muchos legisladores, pero el tratamiento en el Congreso fue bloqueado por decisión de la entonces presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, durante sus dos periodos de gobierno. Las razones del bloqueo deben buscarse en parte en convicciones personales de la presidente (“estoy en contra del aborto, porque soy católica y por profundas convicciones”), y en parte (en el ultimo tiempo de su gobierno) en la búsqueda de armonizar intereses internos y no confrontar con el Papa argentino. Por el contrario, el presidente Mauricio Macri habilitó en el Congreso el tema de la legalización del aborto, dando cauce al poderoso movimiento feminista argentino que desde hace años se ha consolidado como una importante voz nacional. El proyecto acaba de ser aprobado en Diputados, despues de dos meses y medio de debate en Comisión, y de 23 horas de debate en sesión plenaria. Próximamente pasará al Senado para la resolución final. El debate en Diputados ha sido de gran impacto sobre la representación política en Argentina y ha mostrado la fuerza de sus movimientos sociales, pero el hecho más llamativo es el cambio en el carácter de la discusión. A pesar de tratarse de una cuestión donde los valores son importantes a la hora de decidir, el Congreso dejó atrás la dinámica de descalificaciones y violencia verbal de los últimos años. En este proceso legislativo los resultados políticos colaterales han implicado un acercamiento de la sociedad y de sus representantes, y pueden resumirse en los siguientes puntos:

1. Ganó la tolerancia. A nivel de élites, las tres mujeres más importantes del gobierno de Macri (María Eugenia Vidal (gobernadora de Buenos Aires), Gabriella Michetti (Vicepresidente) y la diputada Elisa Carrió, expresaron posiciones anti despenalización. Mientras que ministros claves (por el tema) como el de Salud y de Cultura, se manifestaron a favor. Sin embargo, triunfó el propósito de no traducir las diferentes opiniones en una división irreversible. Lo importante para el gobierno era garantizar condiciones adecuadas para un debate colectivo libre, mas que hacer triunfar las posiciones personales. A nivel social, las movilizaciones multitudinarias, que incluyeron deliberaciones publicas de los alumnos en las escuelas, a favor y en contra de la despenalización, fueron invariablemente pacíficas; no obstante la enorme pasión que el tema despertaba.

2. Ganó el buen argumento. Pocas veces (en verdad casi nunca) ocurre en un Congreso, que el peso de los argumentos modifique posiciones ya asumidas y hechas públicas por los legisladores. En este caso varios diputados modificaron su posición “a la luz de los argumentos escuchados”. El argumento más contundente que erosionó decisiones previas fue que la discusión no consistía en dirimir sobre valores privados, sino sobre políticas de salud pública. Con ello se superaron las barreras infranqueables que se elevan cuando discutimos sobre valores morales, para abordar una cuestión mas tangible y de abordaje racional: cómo lograr una mejor politica social para un problema que afecta a los más vulnerables.

3. Nacieron nuevos puentes en la sociedad. La sociedad despues de mucho tiempo, dejó de lado la división kirchnerismo-antikirchnerismo (la llamada grieta) y se constituyeron nuevas solidaridades. Decía Nelson Mandela: si quieres que una persona deje de ser tu enemigo, trabaja junto a ella. El tratamiento en el Congreso ha implicado una estrecha convivencia entre legisladores acostumbrados a estar alejados por razones partidarias.

El movimiento de los pañuelos verdes ha rebasado las divisiones partidarias, uniendo a los actores en identidades compartidas. El debate ha acercado a políticos y a ciudadanos, y en ese sentido ha “humanizado” y roto por primera vez en mucho tiempo con la demonización. Ha generado nuevas comunidades, y enseñado que los partidos son complejos y los rígidos calificativos pueden ser pura abstracción y una forma simplista de analizar la política. En tal sentido el proceso vivido ha contribuido a mostrar que la grieta es relativa y temporal.
 

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia, Italia.
Miembro del Sistema Nacional de investigadores. Profesor de la Universidad de  Guanajuato

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