Los bancos, sector privilegiado

José Rubinstein

Financiarse con créditos bancarios y tarjetas de crédito es verse atrapado en una espiral perversa

Inicia un nuevo año, las aguas retoman su cauce, el aguinaldo resultó insuficiente, no nos ganamos la lotería y, para colmo, hemos sobrecargado nuestras tarjetas de crédito.

Ciertamente, en tanto la economía del país apenas creció en promedio a un moderado 2% en los últimos 35 años, el sector bancario se ha desarrollado a vertiginoso ritmo, privilegiado principalmente por el Banco de México y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Recordemos lo dicho en 1990, en plena reprivatización bancaria por el entonces secretario de Hacienda, Pedro Aspe: “El gobierno se desprende de la banca porque no se justifica que el Estado posea cuantiosos recursos mientras exista la incuestionable e impostergable obligación de dar respuesta positiva a las enormes necesidades sociales”. A casi 29 años de entonces, las enormes necesidades sociales prevalecen, incluso acrecentadas, y la banca, pignorada en su gran mayoría a capital extranjero, se ha convertido en la joya de la corona de sus respectivas matrices. El rendimiento sobre capital de algunos bancos globales en México llega al 24.9%, siendo su comparativo mundial 12.2%, es decir, el doble. El más evidente ejemplo es BBVA Bancomer que de enero a septiembre de 2018, reportó una utilidad acumulada por 39 mil 224 millones de pesos, 14.2% más respecto al mismo periodo de 2017. Dicha utilidad significó 41% de los ingresos totales de la matriz española. Del 1 de enero al 31 de octubre de 2018 las operaciones bancarias en México —50 instituciones bancarias— obtuvieron una utilidad neta superior a 127 mil 400 millones de pesos, 10% mayores que en 2017.

Financiarse con créditos bancarios y en específico con tarjetas de crédito es verse atrapado en una espiral perversa en que importante proporción de los pagos parciales son asignados a cubrir intereses. Y es que la brecha entre lo que los bancos cobran por intereses contra lo que pagan por depósitos e inversiones es abismal. En promedio, 30% de los ingresos totales de la banca nacional se generan por comisiones cobradas a clientes, mismos que en algunos bancos llegan a representar 39% —dicho ingreso aumentó 8% en el último lustro—.

De agosto de 2013 al mismo mes en 2018, la banca mexicana aumentó sus ingresos por comisiones en más del 53 por ciento. Existen comisiones por el uso de tarjetas de crédito, por adquirir préstamos, por expedir cheques, por anualidad de tarjeta, por reposición de plásticos, por disposición en efectivo, por pagos tardíos, por apertura, por consultar saldos, por transferencias, por membresías, por saldos insuficientes, por cheques de caja, y por otras tantas. Las comisiones y tarifas bancarias en México son hasta 30% superiores con respecto al nivel internacional. Desde luego toda comisión viene acompañada de su respectivo IVA.

Imprevistamente, el coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, lanzó la iniciativa para regular las elevadas comisiones que cobran los bancos, proponiendo eliminar 17 de ellas: “Existe una desproporción en comisiones e intereses… son un abuso cercano a la usura”. Refiriéndose a los banqueros: “barones del dinero y acumuladores de riqueza que defienden sus intereses”.

Ante las enérgicas y costosas reacciones financieras, el presidente López Obrador ofreció no modificar, al menos durante los primeros 3 años del sexenio, el marco regulatorio de la banca e instituciones financieras.

Aun estando decididamente a favor de regular las comisiones bancarias —y de paso ajustar intereses cobrados— creemos que dicha iniciativa debe ser consensuada con los afectados. Tengamos presente que la forma es fondo.


Analista político

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