Reingeniería constitucional. Derechos humanos

José Ramón Cossío Díaz

Los órdenes jurídicos modernos son complejos en varios sentidos. El más evidente, por estar compuestos por normas de variada jerarquía y función, en las que coexisten las interpretaciones hechas por diversos órganos. Menos advertido es que tanto las normas como sus interpretaciones, provengan de diversas fuentes. Si alguien tuviera la capacidad de disfrutar de una especie de Aleph jurídico como el borgeano, observaría que en la totalidad normativa concurren sentidos, intereses, prácticas, deseos, valores de muy diverso origen y propósito. Sin embargo, a diario y más allá de los conflictos materializados en litigios, pareciera que los órdenes jurídicos cuentan con una unidad que los hace operativos. ¿En dónde radica esta posibilidad?

Desde luego, en el cumplimiento diario de las obligaciones jurídicas y en el ejercicio de derechos o competencias. También, en las eventuales sanciones a quienes dejan de cumplir con lo que el Derecho manda. Si bien las aplicaciones individualizadas generan repetición, no son suficientes para crear unidad. Ésta radica en la construcción narrativa del propio Derecho. En los discursos que de él se hacen para, precisamente, darles composición, ordenación y funcionalidad. El caso más evidente de mostrar lo anterior lo tenemos en lo que se ha logrado con los derechos humanos. Partiendo de las revoluciones inglesa, estadounidense y francesa de hace más de dos siglos, se ha hilado el relato para mostrar que algo de lo sucedido en un sitio o de lo evitado en otro, tiene una lógica general que ha permitido constituir un algo nuevo, determinado y direccionado, para que las personas nos encontremos en una situación en la que nuestra dignidad esté reconocida y garantizada. Lo que se ha hecho ha sido enorme y valioso pero, también, ha propiciado apaciguamientos, conformismos y pérdida de capacidades críticas.

Héctor Fix Fierro y Jaqueline Martínez Uriarte publicarán próximamente en el Fondo de Cultura Económica el libro Derechos humanos. Cien años de la evolución de los derechos en la Constitución mexicana. En él plantean con claridad el arco narrativo y las implicaciones de lo que acabo de señalar. Comienzan con el origen y la evolución constante de lo que el texto de 1917 estableció y prevé en la materia. También, en dónde nos encontramos y las tensiones que existen entre los derechos y las formas del ejercicio político y la actual realidad social. Luego formulan una pregunta central: ¿por qué, si pareciera que como nunca antes existe conciencia de los derechos humanos y de su pleno reconocimiento, sus niveles de violación y desconocimiento son tan altos y extendidos?

Su respuesta es dramática. Al país le faltan condiciones institucionales para que los derechos humanos sean reconocidos, garantizados y, finalmente, cumplidos. Esas condiciones institucionales no están en los derechos mismos, sino en sus precondiciones. Darle vivienda digna y decorosa a una familia, permitir la libre expresión o garantizar la cabal reparación a la víctima de un delito, requiere institucionalidad. Es importante el discurso generador de los derechos; es indispensable su postulación. Sin embargo, para que pasemos del papel a la casa de material o no se repriman las palabras molestas, no es suficiente el que se diga que hay un derecho. Aquí es donde Fix Fierro y Martínez Uriarte le dan sentido a su trabajo. La prédica, el símbolo, el discurso, los cambios y las intenciones en favor de los derechos, son necesarios para que estén ahí. Las transformaciones institucionales y las buenas prácticas son indispensables para que acontezcan. Después de años de hablar de los derechos humanos como un todo, un bosque, debemos comenzar a hablar de los árboles que lo componen. De cada derecho, de cada excluido, de cada violación o abandono. No es posible atraparnos en la mera narrativa ordenadora de ellos. Su mera repetición tiene ya un carácter ideológico. Es tan confortable saberse en un mundo de derechos, que se ha dejado de lado la etapa de las reivindicaciones. Lo que sirvió para llegar, una hermosa narrativa, está impidiendo continuar. Este es el mayor valor del libro que ahora presento.

 

Ministro de la Suprema Corte de Justicia. Miembro de El Colegio Nacional.
@JRCossio

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