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Los restos de Cortés, de tumba en tumba

02/07/2019
02:53
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Analizar y valorar a Hernán Cortés después de 500 años de la empresa conquistadora no es tarea fácil, se requiere serenidad en los espíritus de este personaje de quien se han expresado juicios peyorativos, injuriosos y bochornosos. Para unos fue un vulgar villano execrable y odiado, para otros un héroe que fue confundido a su llegada con Quetzalcóatl.

Recuerdo mi asistencia como representante de esta Institución a la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América celebrado en España. En diversas entrevistas destacados intelectuales mexicanos como Carlos Fuentes y Octavio Paz aportaron ideas para la reconciliación ante la historia y levantar una estatua en honor al conquistador extremeño en la Ciudad de Madrid y Sevilla, además sugirieron la   exhumación de sus restos mortales y un juicio sereno para reivindicar, sugirieron que en el Zócalo de la Ciudad de México se erigiera un monumento para evitar el “complejo del conquistado” por ser originarios del conquistador y la Malinche, o bien Gonzalo y su princesa Zazil Há. La propuesta anterior no era nueva. En el pasado se habían considerado varias esculturas dedicadas a Hernán Cortés, varias propuestas detonaran en polémicas entre hispanistas e indigenistas como fue el caso del gobierno de Obregón, Lázaro Cárdenas y José López Portillo.

A México llegaron los restos en 1567, no encontrando paz ni tranquilidad. Tuvo diversas tumbas por el temor de que sus detractores las destruyeran. Como un secreto, su osamenta reposa actualmente en la Iglesia del Hospital de Jesús en la Av. 20 de Noviembre, con una placa discreta que dice:  Hernán Cortés.

Su primer sepulcro en nuestro país fue en el Convento de San Francisco en Texcoco, ahí permaneció 60 años. Exhumado en 1629, e inhumado junto a su nieto Pedro Cortés en el Convento de San Francisco en la Av. 5 de Mayo. Donde reposaron  87 años. En 1716 su osamenta cabalga de nuevo, pasa al altar mayor de Catedral donde permanece 78 años, la finalidad era esconderlo de la furia y la destrucción.

El virrey Revillagigedo en 1791 ordenó construir un mausoleo en la Iglesia del Hospital de Jesús, y un obelisco de 7 metros con un busto. Fray Servando Teresa de Mier pronunció entonces la oración fúnebre,  19 años  después se inicia la Revolución  de Independencia. En 1823 los restos de todos los héroes que participaron en la Independencia fueron trasladados a la Catedral Metropolitana, iniciándose en esta época una revuelta para destruir los restos de Cortés.

El 15 de septiembre 1823 nuevamente Cortés es trasladado a un lugar seguro (se esconde debajo de la tarima del altar para evitar la destrucción de la pasión política). En 1836 es extraída la osamenta y se traslada en silencio al Hospital de Jesús.

Lucas Alamán desde el siglo XIX conservó las llaves del féretro pasando de mano en mano, de su hijo a su nieto, quien mostró la llave mohosa abriendo el féretro, que permitió contemplar el cráneo y huesos de Cortés. El 27 de noviembre de 1946, el presidente Ávila Camacho dispuso de nuevo la inhumación en el Templo del Hospital de Jesús. En 1981 frente a la Catedral en medio de una fiesta indígena algunos oradores acudieron al Hospital de Jesús para destruir el monumento a Cortés.

En 1985 se organiza una Conferencia en dicho Hospital con motivo de los 500 años de su natalicio. Este acto provocaría un escándalo, el evento fue boicoteado, sus restos se colocaron de nuevo en el sitio donde hoy permanece, este traslado fue casi en secreto. Representó el octavo enterramiento del conquistador.

No existe personaje alguno en la historia que haya suscitado tantos odios y rencores a lo largo de cinco siglos, que ha obligado a sus restos a cabalgar en el laberinto de la soledad.


Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo A.C.

Jorge Nuño Jiménez
Director general del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo

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