¿Por qué Meade?

Javier Lozano

No tengo la menor duda de que lo que le conviene a México es que Meade sea Presidente. Estamos hablando de un hombre completo: ejemplar servidor público con solida preparación académica, ciudadano responsable, buen padre de familia y persona íntegra en toda la extensión de la palabra. Nunca ha militado en partido político alguno pero ha servido por igual a gobiernos del PAN y del PRI con eficacia, eficiencia, buenos resultados y honradez.

Lo que está en juego es la administración pública federal y es el presidente de la República quien la encabeza. Las secretarías de Estado, las entidades paraestatales y las empresas productivas del mismo dependen del titular del Ejecutivo Federal.

En ese contexto, es evidente que no hay comparación entre los precandidatos a la vista: López tiene nula experiencia en el gobierno federal y tardó 14 años en terminar su mediocre carrera; mientras que el joven dictador Anaya únicamente sirvió por unos cuantos meses como subsecretario de Turismo. En cambio, Meade ha sido cinco veces secretario de Estado en gobiernos de extracción política distinta. Así, con Calderón fue secretario de Energía y de Hacienda. Y con Peña Nieto fungió como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de Desarrollo Social y, de nueva cuenta, de Hacienda.

La constante de Meade es que en cuanto cargo ha servido lo hizo de la misma manera: con rigor técnico, sensibilidad social y política, sin falsos protagonismos y con absoluta honestidad. Me atrevo a afirmar que no hay un mexicano que tenga más experiencia y mejores resultados en la administración pública federal que Meade. Es por estas razones que tomé la decisión de apoyarlo. Resolví que en casos como el que nos ocupa no hay que andarse con titubeos. La degradación del PAN de Anaya y mi consecuente decisión de no sumarme a su obsesivo proyecto presidencial, me llevaron a renunciar al partido y adherirme al proyecto de Meade.

José Antonio y yo fuimos compañeros de gabinete, conozco a su padre y a Juana, su esposa. Es un hombre decente, académicamente preparado (abogado por la UNAM, economista por el ITAM y doctor en economía por Yale). Transmite tranquilidad, serenidad y certidumbre. ¡Ese perfil es justamente lo que necesitamos para atraer inversiones y generar empleos en nuestro país! En un mundo globalizado donde el nombre del juego es la competitividad, la certidumbre jurídica y la estabilidad económica son condiciones indispensables.

En fin. Por congruencia y convencido de que en esta vida hay que fijar posición y defender causas justas, me voy de un PAN que se ha apartado de su historia y doctrina, y me sumo con entusiasmo y compromiso al proyecto de quien tiene, por mucho, la mayor capacidad para gobernar a México, el de José Antonio Meade.

Por lo pronto, seguiré siendo senador por Puebla aunque ya sin grupo parlamentario. No está en mis planes sumarme, por lo pronto, a partido político alguno.

Y termino diciendo que creo que en esta elección pesará más la persona que los partidos. Sobre todo a la luz de tan extrañas alianzas que diluyen doctrinas. En suma, no tengamos duda. Meade es el bueno.

 

Senador de la República

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