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Gobernar por redes sociales

02/07/2018
01:54
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Donald Trump gobierna por Twitter. Los presidentes de diferentes países se han visto, en varias ocasiones, en la necesidad de sustituir las instancias diplomáticas habituales para mandarle tuitazos en respuesta. También a través de los mensajes tuiteros de Trump, el dólar mueve a otras monedas y a algunos indicadores económicos. De hecho Trump atribuyó su triunfo electoral a las redes sociales.

Así Facebook, Youtube, Instagram, Whats app, Linkedin, Skype, Snapchat están transformando los paradigmas tradicionales de la comunicación política, la mercadotecnia e, inclusive, la forma de relacionarnos sentimental y profesionalmente. Los emojis, los hashtags, los memes, los gifs son nuevas formas de transmitir ideas, sensaciones y sentimientos. Por ejemplo, el emoji de risa con lágrimas fue utilizado en Twitter durante 2017 a nivel mundial, casi dos mil millones de veces (fuente: https://digitalreport.wearesocial.com/).

El desarrollo de muchas actividades que hoy se mueven en redes sociales no tiene reversa. Podemos o no ser parte directa de ellas, pero nuestra vida no escapa de su influencia. Ayer fueron las elecciones, y cuando envié este artículo al periódico aún era sábado, así que no tengo idea de quiénes obtuvieron el triunfo en los diversos cargos, lo que sí sé es que, en mayor o menor medida los ganadores también gobernarán en redes sociales. ¿Cómo deberá llevarse a cabo la interacción entre gobernantes y gobernados en Twitter o Facebook, cuáles las reglas —si es que debe haberlas—, qué hacer con las fake news, los bots, la privacidad, la propaganda oficial? ¿Cuál es la línea que divide lo personal y lo “oficial” en estas nuevas formas de comunicación? ¿Qué pasa con las reglas y prohibiciones impuestas para los medios tradicionales, deben trasladarse a las redes sociales, a cuáles, cómo?

Gran parte de las campañas en esta elección que acaba de concluir se dieron en redes sociales. El spot ya no es el rey de la comunicación político electoral, y uno de los retos inmediatos que plantea este régimen caduco es el de transitar hacia un nuevo modelo de comunicación política.

¿Regular los medios tradicionales y no las redes sociales, dejar de regular a los primeros o imponer reglas a ambos? No hay una respuesta sencilla a esto. Las características del flujo de la información en las redes, su bidireccionalidad, su inmediatez y el relativo anonimato que puede envolver a los participantes están modificando radicalmente la estructura de la relación entre los medios y los receptores. Incluso ahora son los medios tradicionales (televisión, radio e impresos) los que obtienen algunas de sus notas del material difundido en otras plataformas (Youtube, Facebook, Instagram, Twitter).

Según la Amipci (Asociación de Internet en México), existen 79.1 millones de usuarios de internet en nuestro país. Las redes sociales preferidas son Facebook y WhatsApp. Tenemos alrededor de 35 millones de usuarios de Twitter, 16 millones de Instagram y 83 millones de Facebook. Según el estudio sobre los hábitos de usuarios de internet en México 2018 de la Amipci, 89% de la gente se conecta para utilizar redes sociales; 84% para enviar y recibir mails; para chatear 83%; para búsqueda de información 82%; mapas 73%; escuchar música 68%, y ver películas y series 65%.

Será interesante analizar, en retrospectiva, cómo fueron en redes sociales las campañas ganadoras y perdedoras. De lo que estoy segura, es que no solo Trump seguirá gobernando vía Twitter, sino que las redes sociales ocuparán cada vez más un espacio protagónico en la vida democrática de los países. Por eso es tan importante definir un modelo de comunicación política eficaz, flexible y dinámico. No me imagino que en seis años otra vez tengamos invasión de spots en radio y televisión, sería como regresar a las señales de humo, pero mucho más caro e ineficiente, ya no tiene sentido.

En la sobremesa. Apenas la semana pasada el organismo descentralizado Telecomm Telegrafos que dirige Jorge Juraidini, emitió la convocatoria y bases para licitar dos pares de hilos de fibra óptica oscura de 25 mil 600 kilómetros de longitud, cuya operación cedió la CFE a Telecomm. El ganador deberá mantener, operar y crecer la red a fin de cubrir al menos 80% de la población nacional. Será una licitación similar a la de la Red Compartida, también mediante la creación de una asociación público-privada (APP), en la que se presentarán dos sobres cerrados que se abrirán una vez acreditada la capacidad técnica, uno tendrá el porcentaje de cobertura ofrecido y el otro la oferta en caso de desempate.

El ganador aportará al gobierno 200 millones de dólares, más la inversión necesaria para la operación y crecimiento de la red. La garantía de seriedad es de 80 millones de pesos y el fallo sería el 24 de octubre de este año, en menos de cuatro meses.

Además, el ganador deberá pagar más de 8 millones de dólares de honorarios a la consultora que desarrolló el proyecto, una empresa llamada Vace Investment Advisors S.C. (Vace Partners). Este es el mismo esquema que se utilizó con Bank of America en la Red Compartida, que también fue carísimo, más o menos el doble, pero me parece que no guarda proporción, es mucho más simple el de Telecomm. Eso sí, de quedar desierta la licitación, se quedan sin nada.

¿Por qué no creció la red durante el sexenio cuando esto era un mandato constitucional? Hay muchas preguntas. La verdad, yo no soy optimista respecto a este proyecto, ojalá me equivoque. Volveremos sobre el tema en otras entregas.
Presidenta de Observatel, profesora de la Universidad Iberoamericana, miembro del Comité de Participación Ciudadana del SNA.

Este artículo refleja su posición personal
@soyirenelevy
Presidenta de Observatel y profesora de la Universidad Iberoamericana. Esta columna refleja la posición personal de la autora y no necesariamente de Observatel. [email protected]

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