Con fórceps y entre el griterío de sus parteros, el traumático alumbramiento de la Guardia Nacional no augura mucho de bueno para la recién llegada. Le espera una inseguridad pública convertida en la pesadilla de una sociedad hundida en la desconfianza y el miedo, esperanzada –eso sí—en que se cumpla la promesa obradorista y bajen sensiblemente los asaltos, homicidios y secuestros.

El desfile público de pifias, de enigmas sobre la operación de la GN, la exhibición grotesca de despropósitos y errores en su diseño y normas de operación le serán perdonadas a la nueva corporación si el ciudadano percibe mejoría, un antes y un después en la intranquilidad ciudadana y se logran espacios públicos mucho menos inseguros, la contención de los criminales y la tranquilidad en las calles.

La guerra de dimes y diretes entre policías federales desplazados y sus nuevos mandos civiles y militares, no habla muy bien de la capacidad previsora del Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, al no haberse generado instancias de transición ni advertir él la avalancha que se le venía a todos encima.

Queda para la historia de ese parto con dolor la imagen de familiares de policías que marchan con ellos y participan en bloqueos y tomas de instalaciones, a la medida de su desesperación y de la reducción en sus haberes.

Las chicanadas de su normativa tampoco auguran nada bueno. Es requisito para ejercer el mando en la GN tener una antigüedad que ningún policía federal reúne. Queda bloqueada la posibilidad de que la policía fuese conducida bajo sus mandos orgánicos. Esta disposición garantiza un mando militar. A ver ahora qué sigue, porque el problema de las diferentes profesiones equivale a querer ordenar un cuerpo de ingenieros bajo el mando de un médico cirujano. En tareas de seguridad las complejidades crecen, pero tal es la lógica que siguió la 4T.

La policía es sólo una parte de los temas que dan forma a las nuevas y sorprendentes pesadillas nacionales, un seriado que comprende el desmantelamiento de muchas instituciones bajo una actitud recurrente ya característica del gobierno actual: atacarlas para anularlas, como parece ser también la ruta fijada esta semana contra la CNDH.

Es larga la lista del debilitamiento y destrucción de instituciones en aras, supuestamente, de un cambio necesario del cual cada vez más escépticos no nos atrevemos aún a arriesgar un nombre definitivo.

Hasta dónde están llegando las cosas que la diaria lista de actos de desinstitucionalización progresiva incluyen y generan ya pequeñas historias individuales cada vez más significativas en un sentido o en otro: la deportista mexicana que cambia de nacionalidad para poder seguir siendo competitiva a nivel mundial. El reconocimiento de la propia titular de la Conade cuando señala que carecen de presupuesto y, al paso que va, en unos meses no podrán pagar la luz. La investigación científica, la cultura y las artes, la agencia Notimex y sus lamentables gracejadas hacen evidente de qué manera se está rompiendo el mínimo de capacidad profesional en el desempeño de las instituciones, se rompe también con la posibilidad de mejores relevos en cada materia.

La semilla de la desconfianza, la polarización y el empobrecimiento de todo concepto institucional que no sea la construcción de una superestructura de ideología 4T —bajo el repetido argumento de la austeridad republicana y del combate a la corrupción— arrinconan al diseño mismo del Estado democrático moderno y nulifican cualquier contrapeso que pueda poner límites al poder ejecutivo. En apenas seis meses, México está lindando los años del más puro presidencialismo priista que padecimos durante mucho tiempo.

No hay fotos ni convenios de coyuntura empujados al vapor que pongan fin a la creciente desconfianza en los sectores que generan el 70 por ciento del producto interno bruto y que generan la mayor proporción del empleo.

No sólo en el cancelado proyecto del aeropuerto de la CDMX en Texcoco o en la cuestionada construcción de Dos Bocas, o en asuntos de directa implicación social como la cancelación de estancias o la eliminación de albergues para mujeres maltratadas, sentimos estar tocando las fronteras del caos. Ante la displicencia oficial, se vuelve creíble que la reciente crisis ambiental por partículas PM 2.5 se debió a falta de mantenimiento y reposición de los filtros de las emanaciones residuales de algunas termoeléctricas que abastecen de corriente a la CDMX. En la 4T siempre tienen otros datos.

Al amparo de los gritos de austeridad, crece entre nosotros el sectarismo y no una noción de convencimiento general, característico de las democracias. Alain Peyrefitte, ministro gaullista, concluyó después de estudiar tres mil años de civilización humana, que los países ricos han sido capaces de crear lo que llamó la conducta confiable (“ethos de confiance”) como una sinergia que las sociedades desarrollan cuando poseen confianza en sus instituciones y cuando observan justicia y equidad en la conducción gubernamental.

Valery Giscard D´Estaing afirmaba que no hay sociedad sin ideales que la inspiren o sin un claro conocimiento de los principios de su organización. Los periodos de gran civilización han reunido esas dos condiciones. En nuestro país todos los caminos conducen ya hacia la concentración absoluta del poder en el presidente de la República. Sin una redistribución del poder, sin una nueva y viable política social, sin planes producto del consenso y del debate, lo que resulte se llama absolutismo.

Exprocurador General de la República

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