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En los últimos días se han acumulado diferentes problemas que amenazan la buena marcha del gobierno y que requieren “enderezarse”. Infecciones que, sin antídotos, pueden convertirse en “gangrenas” que carcoman el cuerpo público. Un grave síntoma es el bloqueo por la CNTE de las “vías” que afectan seriamente a la economía y pueden “descarrilar” lo poco que queda del Estado de Derecho. Es un vil acto de chantaje, criminal violación de leyes federales. Aplicar la ley no es “reprimir”. No actuar significa que le tomarán la medida al gobierno, que no podrá gobernar a “billetazos” para cuanto grupo social lo amenace. Las huelgas en las “maquiladoras” de Matamoros ponen en riesgo otro sector económico clave. La incompetente presentación de Pemex en Nueva York y la propuesta de una absurda refinería para una empresa quebrada, nos pone al borde de la descalificación, que costará millones; la cancelación del aeropuerto de Texcoco y construcción de Santa Lucía costará cerca de $400,000 millones de pesos, casi el doble de los muy esforzados ahorros de gasto que se hicieron para los “proyectos prioritarios”.
El otro gran problema es que con el catálogo de 100 puntos de gobierno no se alcanza a configurar una “estrategia” para lograr una Transformación, como se pretende. Se trata de un catálogo aspiracional, que mezcla algunos compromisos importantes con “ocurrencias” y muchas “dádivas” sociales. Una estrategia requiere objetivos claros, instrumentos eficaces y personas competentes que los lleven a cabo. Es evidente que en 4 entidades clave (Energía, Pemex, SCT y Trabajo), origen de los más serios errores, los responsables no están a la altura requerida.
Una verdadera estrategia de transformación debe sustentarse en lo económico: 1º. La centralidad de la meta de acelerar el crecimiento a un mínimo de 4% anual. La ruta oficial programada es de alrededor de 2.5% de aquí al 2024. Eso es el “más de lo mismo del crecimiento mediocre”, que se critica al neoliberalismo. Lograr la meta requiere una Motivación Nacional de todos los actores y alinear todos los instrumentos de política. Ser motor del Plan Nacional. Sin ello no podrá lograrse nada en lo social, incluyendo el empleo. 2º. Aumentar la inversión pública, baja y a la baja por muchos años, con una lista de proyectos detonadores, rentables, bien evaluados, no ocurrencias y “elefantes blancos”. 3º. Generar más recursos tributarios (una reforma fiscal), los que se tienen no aguantan 3 años para satisfacer expectativas y presiones ineludibles (pensiones, servicio de la deuda). No puede atacarse la desigualdad sin un ISR redistributivo, que ningún gobierno progresista ignora. 4º. Configurar un verdadero Estado de Bienestar Social, anclado en 4 pilares de envergadura: un Sistema de Salud Universal, un Sistema de Pensiones reformado, un Seguro de Desempleo acotado y, un Ingreso básico paulatino. Para ello, deben cancelarse los miles de programas de ataque a la pobreza dispersos, inclusive las múltiples “aspirinas” que ahora se agregan. 5º. Un “sistema financiero para el desarrollo”, sustentado en los bancos de desarrollo, eficaz instrumento “parafiscal”. No desmantelándolos (como Bancomext). Una banca privada que privilegie la “producción”, no el consumo o las cuantiosas utilidades de las matrices. El apoyo a las Pymes debe estar articulado en una verdadera Política Industrial y Tecnológica, que no se ha planteado. 6º. El objetivo no debe ser la “austerocracia” que paraliza la economía, sino formar un Estado eficaz, fortaleciendo, no desmembrando, las instituciones indispensables y sí continuar reduciendo o eliminando los gastos dispendiosos. ¡Ojalá se “reencarrilen” las vías!
Ex embajador de México en Canadá.
@ suarezdavila
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