¿Qué buscamos de la administración pública?

Francisco Rivas

Existe una multiplicidad de leyendas sobre las excentricidades de los políticos mexicanos (realizadas con el dinero de nuestros impuestos) que pocos de nosotros hemos podido comprobar, pero que muchos asumen como verdad: presidentes que regalaron bienes históricos de la nación a sus amantes; que cerraban las principales arterias de la ciudad para correr libremente autos deportivos; primeras damas que hacían transportar pianos por el mundo; gobernadores, legisladores, alcaldes que organizaron fiestas privadas dignas de una boda real.

Estas excentricidades no excluyen los desfalcos al Estado, el abuso de autoridad personal o de sus familiares, el compadrazgo, nepotismo o influyentismo que ha permitido que todo un círculo de personas o grupos de interés vivan por encima de la ley.

Décadas de abuso no podían pasar desapercibidas, más si se considera que no existe evidencia contundente de que el país esté mejorando y no contamos con elementos que ayuden a entender que los grandes problemas sociales se mitigan o resuelven más allá de la percepción individual.

El viejo paradigma “¡que roben pero que hagan!” parece haberse agotado, la sociedad está enojada y quiere soñar con un país donde la corrupción sea una lamentable excepción y el conjunto de autoridades sean servidores públicos por vocación.

Nadie como Andrés Manuel López Obrador ha entendido esto, su discurso busca dar el mensaje de que ese reclamo social será resuelto.

Si bien faltan meses para que el gobierno de AMLO entre en funciones, el presidente electo presentó los 50 puntos que su gobierno habrá de impulsar para combatir la corrupción y fomentar la austeridad.

Algunos de estos puntos proponen acciones específicas, otros plantean líneas muy generales, y otros parecen ideas abstractas o buenos deseos que deben construirse casi de cero si buscan generar un impacto.

Un punto en particular me parece que encarna la deficiencia general de los 50 puntos propuestos por AMLO: el cambio de las condiciones laborales y la reducción de salarios a los titulares y altos funcionarios estatales.

Pedirle a un funcionario que en vez de 5 días trabaje 6, así como la reducción indiscriminada de su salario, exhibe un desconocimiento de las condiciones en las que trabaja la mayor parte de servidores públicos, parece encarnar la voluntad en desconocer el sacrificio de estos, pero, sobre todo, es pensar en términos de más y menos, en vez que en función de eficiencia y eficacia.

Según una investigación sobre situación laboral de la OCDE, México es el país donde más se trabaja, al mismo tiempo que somos el país que proporcionalmente menos produce. En contraste, países como Dinamarca o Alemania, trabajan casi la mitad de las horas que los mexicanos produciendo mucho más.

Si centramos la atención en los mandos de las áreas de seguridad y justicia -gente que expone su vida, la de sus seres queridos y también en su responsabilidad jurídica-, muchos de ellos ya trabajan 7 días a la semana, más de 12 horas al día, subsanan de su propio sueldo las carencias institucionales, por lo que recortarles prestaciones parece una cachetada como pago por su servicio.

Las instituciones de seguridad y justicia requieren de inversión, por lo menos debieran duplicarse. Indudablemente requieren de una profunda reingeniería de procesos, de una generación de indicadores de desempeño y resultados -que sean base de una carrera civil profesional- que trasciendan la discrecionalidad o superficialidad de evaluación; requieren de implementación de mecanismos de rendición de cuentas, independencia de las áreas que deben investigar el desempeño de los servidores públicos y por supuesto, mejores condiciones laborales e incentivos para los mejores.

En otras palabras, se debe diagnosticar, antes de sentenciar que hay algunos funcionarios que ganan mucho y que ahora deben ganar menos.

No coincido con el argumento de “recortar salarios impulsa a un funcionario a la corrupción”, estoy convencido que quien entiende que el respeto de la norma garantiza mejores condiciones individuales y sociales de vida, no expone su reputación y trayectoria.

Sin embargo, me parece que impulsará a que los mejores busquen oportunidades laborales en la iniciativa privada (que ya desde ahora, son por mucho, superiores a las de gobierno), a que muchos de los que tengan pocas opciones laborales fuera de la administración pública se queden enojados e insatisfechos, a que la productividad se vaya por los suelos y sienta un antecedente sobre la violación a derechos laborales que me parece preocupante.

La pregunta que todos nos debemos hacer ¿qué estamos buscando de la administración pública? ¿un servicio vanguardista e innovador, donde el talento y compromiso sean bien remunerados o un servicio esclavista donde trabajan mártires o personas que no encontraron un espacio en el mercado laboral?

Plantear una reducción indiscriminada de salarios y prestaciones laborales, limitar la compra de tecnología, recortar uso de vehículos, asistentes; cancelar la dignificación de los espacios laborales de la administración pública es un error.

En un país desigual como el nuestro, no se trata de empeorar la situación de vida de algunos para que la de muchos no se vea tan mal, se trata de apostar a que el conjunto social mejore, y para eso, se requiere una administración pública eficaz y eficiente.

Señor presidente electo, es de sabios reconocer los propios errores, éste es uno de ellos y muy grave, una acción que no se sustenta en un diagnóstico, que puede tener graves consecuencias para la operación del país y que sienta un terrible antecedente alrededor de los derechos laborales.

Desde el Observatorio Nacional Ciudadano le pedimos lo reconsidere y nos permita ayudarle, donándole a México nuestro trabajo para elaborar el diagnóstico que se requiere para mejorar el desempeño de los servidores públicos, que, desde luego, implica reducción en algunas canonjías, pero de manera quirúrgica, no como aplanadora.

Señor presidente electo ¿qué estamos buscando de la administración pública? ¿eficacia y eficiencia u hora nalga para que parezca que trabajamos mucho?
 

Director general del Observatorio Nacional Ciudadano
@frarivasCoL

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