Focos rojos en el proceso electoral

Francisco Rivas

Como es bien conocido por la opinión pública, con base en los datos oficiales referente a las tasas de carpetas de investigación, 2017 resultó ser el año más violento de la historia reciente de nuestro país, dado que su tasa de homicidio y robo a negocio superó la de los últimos 21 años.

Tan sólo si se compara lo sucedido en 2016 contra los datos de 2017, la tasa de homicidio doloso creció 22.08%, de homicidio culposo 5.86%, de extorsión 6.17%, de robo con violencia 34.13%, de robo de vehículo 14.37%, de robo a casa habitación 0.27%, de robo a negocio 27.76%, de robo a transeúnte 24.00%.

Por si fuera poco, la distribución territorial de la incidencia delictiva en México aumentó. Medio país vive momentos de crisis relacionados a la incidencia de delitos.

El tamaño del problema se puede entender si se analiza con detalle cómo en algunas entidades, pese a la presencia federal y operativos especiales, la violencia no cede y tenemos a Guerrero y Tamaulipas como ejemplo fehaciente.

En otros casos, entidades que tradicionalmente vivían condiciones aceptables de seguridad, han pasado a ocupar algunas de las primeras posiciones en el ranking nacional por la incidencia de homicidios, extorsiones o robos, como son los casos de Aguascalientes, Baja California Sur, Colima, Querétaro o Quintana Roo.

La forma en la que ha evolucionado la incidencia delictiva en el país, pone en evidencia que la violencia ya no es monopolio de la delincuencia organizada, que el discurso que repetía que los homicidios “son ajustes de cuentas entre delincuentes”, ya no es vigente; que relativizar datos y estadísticas, achacando todo al negocio del narcotráfico ya no funciona, aun cuando la violencia desatada por la criminalidad organizada sigue causando terribles estragos en nuestro país. Debemos recordar que quienes cometen robos con violencia a transeúntes, negocios, casas o vehículos, son principalmente delincuentes comunes y estos delitos son los que más nos afectan como ciudadanos.

En este contexto de violencia nos acercamos a las elecciones de este año, las elecciones más importantes que tenemos ya que se disputan diversos cargos de elección popular como la Presidencia de la República, Congreso de la Unión, nueve gubernaturas y un sin fin de alcaldías y congresos locales.

¿Será la incidencia delictiva, la inseguridad y violencia, un factor clave que influya en las elecciones? ¡Muy probablemente! si esclarecemos qué se entiende por “influir en las elecciones”.

*Una persona en un contexto social violento puede dejar de salir a votar por temor a lo que le pueda suceder.

*Es probable que muchas personas opten por votar por un candidato de oposición al actual gobierno federal o local como sanción ante la falta de resultados en materia de seguridad.

*En un contexto de alta presencia de delincuencia organizada, un grupo criminal puede intentar que sea electo un candidato a modo, tanto por la compra de votos como mediante el sometimiento de voluntades a través del ejercicio de la violencia.

Las actuales condiciones del país requieren partir de reconocer cómo estamos, para de ahí poner en marcha acciones puntuales para fortalecer las instituciones de seguridad y justicia, al tiempo que se implementan políticas públicas específicas que reduzcan la violencia, que debiliten la capacidad de los grupos criminales, que promuevan el respeto de la ley y que fomenten la credibilidad en las instituciones.

Sin embargo, vemos exactamente lo contrario, según declaraciones públicas, para el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida no hay focos rojos en materia de seguridad de cara al proceso electoral.

Indudablemente deben preocupar estas declaraciones, si seguimos negando u ocultando la realidad, difícilmente podremos iniciar las acciones que nos lleven a mejorar las condiciones en la que la mayor parte de los mexicanos vivimos.

Por ello, requerimos que aquel que sea electo como presidente, opte por separar la Comisión Nacional de Seguridad de la Secretaría de Gobernación (SEGOB), y regresarla a rango de Secretaría. Esto podría evitar que las declaraciones o acciones sean influenciadas por motivaciones políticas antes que por conocimiento especializado.

El problema de no entender la falta de respeto que representan estas declaraciones para las víctimas, para las autoridades que día a día exponen su vida, para los ciudadanos comunes que vivimos con temor, nos lleva a repetir acciones y a realizar una mala evaluación de resultados.

Para muestra el desplazamiento que acaba de hacer la SEGOB de fuerzas federales en los municipios de mayor incidencia de homicidios, todo acompañado por la declaración de su titular, quien afirmó que estas acciones ya estaban teniendo efecto tan sólo cuatro días después.

Señor secretario, cuidado con estas declaraciones, México sí vive un riesgo frente al proceso electoral de 2018, y la reproducción de las mismas acciones que se han llevado a cabo desde hace más de una década, difícilmente darán los resultados que hasta el momento no se han obtenido.

Recuerde que su trabajo es servirle a México, no a sí mismo ni a su partido. Lo que el país necesita es seriedad y efectividad en acciones y declaraciones, no minimizar la situación o caer en triunfalismos.
 

Director General del Observatorio Nacional Ciudadano
@frarivasCoL

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