¿Cuándo nos van a consultar?

Francisco Rivas

A menos de 40 días del inicio del cambio de gobierno, el equipo de transición -fiel a lo propuesto en campaña- ha iniciado por lo menos dos procesos para escuchar al ciudadano: El Foro por la Paz y la Consulta sobre el NAIM.

Antes de analizar los resultados y su alcance, es oportuno entender que, a todas luces, este parece ser el estilo en el que el gobierno del presidente electo Andrés Manuel López Obrador definirá algunas políticas relevantes para el país.

Sinceramente, el sistema de consultas me parece que podría generar varios incentivos positivos en términos de ciudadanización. A través del ejercicio reiterado de votos por temas, se puede llegar a construir hábitos democráticos que impacten en el conocimiento y la apropiación de las políticas públicas y reformas normativas de muchos de los que hoy no se involucran.

En contraparte, se debe considerar que la consulta, para que sea válida, debe operar bajo estrictos estándares, con una metodología sólida, transparente y previamente bien diseñada; además, es un mecanismo sumamente costoso, lento y que puede generar inconsistencias y vacíos profundos entre los temas consultados, produciendo un caos en términos de la implementación de políticas y normas.

No obstante, la consulta es un mecanismo que por sí mismo, puede ayudar a legitimar la toma de decisión de la autoridad y acercar el Estado al ciudadano, si estas son plenamente confiables.

Por confiable me refiero a que se encuentre garantizado el respeto de la voluntad popular; que si la autoridad somete a consulta algo, no tenga dados cargados a favor o en contra de un tema; que las preguntas garanticen imparcialidad, y sobre todo, que exista una metodología clara de qué se va a someter a consulta, cuándo, cómo y quién lo hace, quién lo cuida y con qué recursos se cuenta para consultar, todo de manera transparente, para finalmente saber qué sucederá con el resultado de la misma.

Si algo debemos aprender, es que las consultas no se hacen sobre las rodillas, se planean y se deben ejecutar de manera impecable o el resultado será desastroso. Hasta el momento, las dos consultas aplicadas han carecido de metodología, objetividad, claridad y transparencia, y mandan una muy mala señal acerca de la improvisación con la que se enfrentan los retos de gobernar.

¿Cuándo nos van a consultar? ¿A veces? ¿Siempre? ¿Nos consultarán cuando la política tenga un impacto profundo en el presupuesto? ¿Cuando sea una política socialmente relevante?

Sea como sea, es imperativo que el equipo de transición limite sus decisiones y pare el Plan Nacional de Desarrollo, porque si los Foros de paz y la Consulta sobre el NAIM son válidos, son muchas las propuestas de transformación profunda del Estado, económica y socialmente relevantes, que deberían ser sometidas a consulta.

Sólo pensemos en la propuesta de crecer las fuerzas federales en 50 mil elementos. Con base en el análisis hecho por el Sistema de Desarrollo Policial, el proceso de preselección, selección, control y confianza, formación inicial, equipamiento básico para formar un policía, se requieren 500 mil pesos y tarda 18 meses.

La capacidad actual con la que se cuenta, entre academias y personal, permite formar a lo mucho a cuatro mil elementos cada 18 meses, por lo que, si se quiere crecer en 50 mil elementos las fuerzas federales, habrá que rentar espacios o construir academias, contratar nuevo personal como instructores, médicos, cocineros, personal de intendencia, etc., o al final del sexenio habrá, en el mejor escenario, 16 y no 50 mil elementos.

Dicho de otra manera, si la propuesta de crecer las Fuerzas Federales en 50 mil elementos antes de que termine el sexenio es seria y no sólo palabrería, el gobierno federal debe destinar 25 mil millones de pesos para formar al personal, más lo que cueste contar con la infraestructura necesaria para lograrlo.

¿Deben consultarnos por una política pública de este alcance? Desde mi personal punto de vista sí, como también me parece imperativo consultar otras como la propuesta de continuar y profundizar la militarización del país; la conformación de la Guardia Civil; la despenalización-legalización de las drogas -y qué drogas-; la designación del gabinete; el modelo de Fiscalía General de la República y el nombramiento del Fiscal; el traslado de las secretarías al interior del país; la designación de los magistrados de la Suprema Corte de Justicia; la división del país en 265 zonas de atención para la seguridad; la reestructuración de la administración pública federal.

Es más, como mexicano me gustaría opinar acerca de la seguridad personal del presidente y dónde será su residencia; la inversión en refinerías por encima de inversión en energías limpias renovables; el Proyecto de Ingresos y Presupuesto de Egresos; el Tren Maya; los viajes del presidente tanto en el país como en el extranjero; los invitados a la toma de posesión -más los temas relevantes que se vayan sumando a la agenda-.

La improvisación, la incertidumbre, la inconsistencia, la agresión a críticos y rechazo a la crítica, le han hecho un daño terrible al país y han dividido a la sociedad.

El presidente electo López Obrador debe recordar que será el presidente de todos los mexicanos, no sólo de su base política y por ello, su aproximación a los problemas que aquejan al país no puede ser sesgado y debe ser en el interés del Estado, tomando decisiones que beneficien al país, aun cuando sean impopulares o afecten a los grupos de interés cercanos, y siempre escuchando el contenido de la crítica.

Bienvenidas las consultas, siempre y cuando haya garantía y transparencia en métodos y procesos, algo que no hemos visto en los últimos dos ejercicios, que deja más polarizada a la sociedad e inciertos a analistas e inversionistas y, por lo pronto, un peso más devaluado.
 
 

Director general del Observatorio Nacional Ciudadano
@frarivasCoL

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