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S e cuenta que en la ciudad de Toluca, Estado de México, a principios del siglo pasado se podían ver bolas de fuego brincando de árbol en árbol, en el Cerro del Elefante.
La gente corría a sus casas, aterrados, porque con las bolas de fuego llegaban la tragedia, los lamentos y la muerte.
Decían que las responsables eran las tlachiques: mujeres que habían vendido su alma al diablo para convertirse en animales de mal agüero por las noches. Vagaban por los cielos hasta toparse con las camas de niños aún sin bautizar y con su larga lengua les chupaban la sangre.
Una mañana, un hombre que tenía una tlapalería en Los Portales de Toluca, abrió su negocio como todos los días, pero se encontró de frente con una criatura mitad mujer y mitad guajolote.
Decían que era una bruja a la cual el día había agarrado desprevenida y sin poder regresar hasta su casa se escondió en el local.
La gente de Toluca atrapó a la mujer y la arrastró por las calles principales de la ciudad antes de llevarla a quemar con leña verde.
Desde entonces, se dice que el alma endemoniada de esa mujer sigue vagando por Los Portales a altas horas de la noche y que si uno agudiza bien el ojo, se pueden ver bolas de fuego en el Cerro del Toloche, en el Estado de México, en el centro de la ciudad puesto que la leyenda de la tlachique perdura hasta nuestros días.
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