Atliaca, Tixtla.— Desde hace ocho años, el ayuntamiento de Tixtla colocó tubos de drenaje en esta comunidad indígena nahua, a una hora y 10 minutos de la capital. La mayoría de la gente que vive en este pueblo cuenta con taza de baño, pero las autoridades olvidaron algo: hacer funcionar la planta tratadora. La mayoría, por eso, prefiere seguir empleando su fosa séptica: “No contamina”.

Gonzalo Guerrero, ex comisario de la comunidad —popular por sus conflictos religiosos—, permite a EL UNIVERSAL ver su baño, el cual emplean los cuatro miembros de su familia y algunos clientes de su ferretería. Afuera del baño, donde hay fosa séptica y paredes de láminas verdes, hay un frondoso árbol, plantado desde hace 25 años; en la cima de éste, una buganvilia.

“Aquí está la fosa”, señala Guerrero, dice que es fácil tener fosa séptica: “La hacen, perforan concreto y ponen su taza y aquí está el tesoro está aquí guardado, es dinero, la verdad que es dinero, cuenta con chiste el montículo de cemento que se alza del almacén de heces, arriba está su árbol y la buganvilia, mantenidos por dos décadas de desechos orgánicos”.

Dice que de los cerca de 7 mil habitantes que hay en Atliaca, máximo 200 familias están conectadas al drenaje, la mayoría ha preferido seguir con sus fosas, porque les parece más ecológico. “Si se conectaran, eso provocaría más contaminación y la planta tratadora está sin funcionar;
es obsoleta.

“Toda el agua que capta de los vecinos que ya se conectaron al drenaje se va totalmente sucia a la planta y la planta la suelta igual, no funciona, lo que está provocando contaminación de los manantiales que tenemos en la parte baja. El agua entubada que nos surten nos llegan contaminada con heces fecales. Eso es indudable”, agrega.

Recuerda que las fosas sépticas tienen un mecanismo simple: el excremento se va directo a un depósito con cal y alimenta la tierra.

Según el hombre, el agua que emplean para lavar la taza o echarle para que se vayan los desechos orgánicos es reciclada.

“Defecan, echan agua, es así de fácil. Algunos le hacen su coladito, le ponen madera, se utiliza y le echan agua”.

Si toda la gente regresara a emplear fosas sépticas no habría ríos contaminados por el drenaje, considera. Desde 2008, la planta tratadora de Atliaca está sin funcionar, casi la entregaron inservible. En 2014, luego de la contingencia generada por las lluvias de los huracanes Ingrid y Manuel en 2013, la comunidad permitió a la cabecera el paso de sus aguas negras con el compromiso de que funcionaría su planta y nada.

Las aguas negras de Tixtla cruzan el lugar y bajan directamente al río de la barranca Hueyapan, sin que haya proceso de purificación del agua. El tubo que saca las aguas negras de la comunidad se rompió en 2013, a la fecha nadie ha ido a repararla.

La gente prefiere almacenar agua en pozos y tener fosas sépticas en sus baños, para prevenir una emergencia sanitaria.

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