Ha pasado un año desde que el cuerpo de Karen, la universitaria de 19 años víctima de feminicidio, fue encontrado en un lote baldío localizado en una zona popular de Cancún.

Aunque el probable responsable, Carmen R.P., alias “El Conejo”, fue presentado por el entonces gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge, como el autor de la agresión sexual y el crimen de la joven, existen dudas de que realmente sea el culpable.

La Comisión Nacional e Internacional de Organizaciones y Confederaciones en Derechos Humanos tomó la defensa de “El Conejo”, quien asegura haber sido torturado para declararse como el asesino de la chica, feminicidio que sacudió a la comunidad de Cancún y motivó a que más de cinco mil personas salieran a las calles para exigir justicia; justicia para Karen.

La joven fue atacada en un lote baldío ubicado sobre avenida ChacMool, en la Región 217, al cruzar una vereda poblada de arbustos y maleza crecida para llegar a su casa, en el fraccionamiento Galaxias-La Guadalupana, una zona ubicada por sus habitantes como de alto riesgo, en donde abundan los asaltos, se grafitean las casas y las madres temen por la seguridad de sus hijas, de acuerdo con sus testimonios.

A un año de lo ocurrido con Karen, EL UNIVERSAL realizó un recorrido por el sitio en donde fue asesinada, para confirmar que el feminicidio de la joven no motivó a las autoridades locales para brindar mejores condiciones de seguridad en el sitio y evitar que crímenes similares se repitan.

Para cruzar de la avenida al fraccionamiento donde habitaba la estudiante se puede rodear el lote baldío o atravesarlo por alguna de las tres veredas de diferentes dimensiones que han abierto los vecinos. Todas llenas de escombros, colchones, papeles, ropa vieja, botellas, bolsas, costales de sal industrial humedecida y un sin fin de basura, porque eso es el sitio: un basurero a cielo abierto en plena ciudad.

La vereda por donde caminó Karen, hace un año, era entonces la más angosta y se mantenía poblada de espesa vegetación, de acuerdo con vecinos entrevistados, quienes no accedieron a la publicación de sus nombres.

El paisaje luciría exactamente igual que aquella tarde, sino fuese porque hace un par de semanas “medio llegaron a limpiar, pero no crea que mucho” y, aunque la angosta vereda se mantiene, el campo visual se amplió al retirar la maleza, indicó un hombre que cruzaba por ese sendero, montado en un triciclo.

“Pero en una semana o dos esto vuelve a crecer y más con la lluvia y va a quedar igual”, agregó.

Al lado izquierdo del camino se encuentra el sitio en el que agentes del Ministerio Público y elementos de la Policía Judicial encontraron el cuerpo de Karen; la misma zona en donde tiempo después hicieron una reconstrucción de los hechos.

El agresor, después de interceptarla cuando cruzaba por el sendero, la llevó hacia esa zona, aún más cubierta por densa vegetación que el resto del camino. Después de atacarla sexualmente y golpearla, la mató.

Hoy, acceder a esa área es complicado, pero posible. El suelo es rocoso y accidentado, con áreas de tierra suelta, reblandecida por las recientes lluvias.

Prevalece la basura y existen pequeños espacios en donde se observaron botellas de cerveza, colillas de cigarro, catálogos o restos de periódicos locales con mujeres en ropa interior y revistas de pornografía.

Algunos testimonios coinciden en que la zona es refugio de jóvenes que delinquen, que asaltan a plena luz del día a mujeres y hombres.

El 12 de noviembre del 2015, la versión de la Fiscalía, cuando detuvo a “El Conejo”, fue que éste presuntamente confesó que acostumbraba esconderse ahí, entre la maleza, para drogarse con crack o cocaína y molestar a las mujeres.

Aquella tarde vio a Karen, quien cruzaba por la vereda hacia su casa, la sujetó del cuello y la golpeó hasta desmayarla; la arrastró varios metros, hacia la tupida maleza y ahí la agredió sexualmente. Ante la resistencia de la joven, la golpeó con una piedra y le encajó el cuchillo o navaja que llevaba consigo.

Un año después, se constató que no existe un solo policía en el lote baldío; no hay vigilancia en la zona, ni transitan por la colonia patrullas de Seguridad Pública. Tampoco ocurrió después del crimen.

El lote baldío sigue careciendo de luz para iluminar a quienes aún y con miedo, cruzan por esa la misma vereda en donde la muchacha fue atacada. En 40 minutos pasaron por ahí dos estudiantes de preparatoria –una de ellas, mujer- una jovencita que se dirigía a su trabajo, un hombre, un muchacho y otra estudiante.

Entrevistadas por separado, las jovenes confesaron que les da miedo pero que deben cruzar por ahí para tomar el autobús o ir a la escuela. Todas conocieron el caso de Karen y viven con temor de ser agredidas.

Sobre la iluminación o mas bien la ausencia de ésta, una habitante de la colonia narra que el gobierno del entonces alcalde, Paul Carrillo, colocó –después del crimen- tres luminarias que dejaron de funcionar a los dos meses. “No volvieron a encender, así que esto sigue quedándose a oscuras”.

Los vecinos que se habían organizado para limpiar el lote baldío, fueron detenidos por la propia autoridad municipal, narró otra habitante. “Nos dijeron que ni ellos, ni nosotros podíamos hacer nada porque era terreno privado, que de Turicun”, comentó, con relación a la empresa que ofrece el servicio de transporte urbano.

Algunas mujeres entrevistadas coincidieron en que hubieran querido que el sitio se convirtiera en un parque urbano, pero sigue siendo el basurero en donde atacaron y asesinaron a una joven. Sigue siendo el mismo lugar peligroso que fue para Karen y que es para otras mujeres.

afcl

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