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El constante movimiento en las aguas del afluente permite ver cruzar a comerciantes indocumentados con pesadas cargas a sus espaldas, cuya mercancía buscan vender en los estados del sureste mexicano (FREDY MARTÍN. EL UNIVERSAL)

Río Suchiate: Una puerta abierta para los “sin papeles”

21/09/2015
01:41
Fredy Martín Pérez / Corresponsal
Suchiate
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En la frontera sur indocumentados logran burlar controles migratorios, pero son extorsionados por policías municipales

Un guatemalteco con Tarjeta de Visitante Regional ha cruzado el río Suchiate, pero por debajo del puente de piedra para evitar declarar ante el Sistema de Administración Tributaria (SAT) una bolsa de pelotas de plástico que venderá en México; por la osadía, deberá pagar entre 30, 50 y 200 pesos, a presuntos agentes de la Policía Municipal de Tuxtla Chico, Chiapas, que aguardan entre la maleza a los migrantes centroamericanos.

Telésforo Gregorio Ramírez Juárez, de 32 años de edad, originario de Coatepeque, es sordomudo; tras cruzar el afluente se entera de que dos policías están ocultos entre los matorrales y lanza un grito a dos hombres para que apresuren el paso en el río y cruce acompañado por donde están los uniformados, que sólo portan un rociador de gas lacrimógeno.

El guatemalteco explica con señas que los inmigrantes que buscan llegar a Estados Unidos y los que tienen Tarjeta de Visitante Regional son extorsionados por los policías.

A través del lenguaje icónico, Ramírez Juárez sube su mano derecha al lado de la sien para describir a un uniformado; luego mete la otra mano en la bolsa de su pantalón, para simular que saca una billetera, y extiende sus manos al derecho y al revés, cuatro veces, para explicar que los presuntos agentes pueden pedir hasta 200 pesos por cada migrante que intenta burlar los controles migratorios.

Día y noche, el puente registra movimiento constante de personas que caminan con bultos de mercancía, familias que viajan en los camiones de dos pisos que vienen de la capital de Guatemala y de cambistas de divisas.

Según el Instituto Nacional de Migración (INM), de enero a mayo de 2015 fueron expulsados por este puente 67 mil 653 centroamericanos, de los que 43.6% fueron atajados en Chiapas, 21.2% en Veracruz y el resto en Oaxaca, Tamaulipas y San Luis Potosí, entre otros.

Para entrar a territorio mexicano por este puente, es forzoso pasar por filtros del INM, de la Policía Fiscal, el Ejército y elementos de Sanidad Vegetal, estos últimos auxiliados por agentes caninos y personal de seguridad que interroga y exige documentos a las personas.

Abajo del puente, el movimiento de los “sin papeles” y comerciantes que cruzan del río de Guatemala a México no se detiene. Los cambistas, comerciantes y curiosos se detienen a observar el paso de los hombres con pesadas cargas, pero los que no quieren mojarse usan una cámara de una llanta de tractor, a un costo de 20 quetzales (40 pesos). Una cámara de alta definición registraba toda esta actividad.

Entre un plantío de zacate de vega que parece envolver a los extranjeros a su llegada a territorio mexicano, se encuentran dos policías ocultos entre los laberintos al acecho de los comerciantes y los “sin papeles”, para pedirles la mordida que les permita continuar el viaje.

Los centinelas

Cuando los extranjeros alcanzan una pendiente de piedras ovaladas, donde los comerciantes queman PET, bolsas de plástico, cartón, unicel y vidrio, ya se puede divisar el jardín de niños Miguel Lara Vassallo y las primeras calles de Talismán, Chiapas.

A la orilla del afluente, tres niños no mayores de 13 años se desplazan entre la maleza y las márgenes del río y piden dinero entre los comerciantes y los “sin papeles” a cambio de advertirles que tengan cuidado, porque “allá adelante está la policía”.

Dos centroamericanos, que parecen guiados por un traficante seguido por un hombre que lleva una mochila, no escuchan al niño y avanzan hacia los matorrales. Atrás van los niños. Minutos después regresan los menores, molestos, por un supuesto pleito con los agentes, luego piden al visitante algunos pesos o quetzales, pues no han comido y tienen sed, dicen.

A 26 kilómetros de Talismán, en el municipio de Suchiate, el hondureño Francisco Figueroa Alvarado, de 58 años, nativo de Santa Rosa, pide dinero entre los habitantes porque quiere llegar a Estados Unidos. En 2010 trabajó vendiendo fruta en Las Vegas hasta que lo detuvo la policía, lo entregó a migración y lo deportaron.

De su más reciente viaje aún no se repone, porque cuando viajaba en el ferrocarril, a la altura de Orizaba, se le desprendió la dentadura postiza, pero no hizo el menor esfuerzo por atraparla, porque si hacía un movimiento inesperado, podía caer al suelo.

Durante varios días ha dormido sólo unas horas y ha comido lo que le regalan los lugareños de Ciudad Hidalgo, sede de la cabecera municipal de Suchiate. Busca llegar a algún albergue de Tapachula, para descansar unos días antes de seguir su camino.

En su país, este hondureño que dejó esposa y cinco hijos, ve cada vez más difícil llegar a Estados Unidos. Primero hay que burlar al hambre y los filtros policiacos en territorio chiapaneco, pero en Oaxaca es “donde empieza el verdadero peligro”, porque Los Zetas —afirma— no dejan de secuestrar a los extranjeros para exigir dinero a sus familiares que están en EU o Centroamérica. “Esto cada día se pone más peligroso”, asegura el inmigrante de oficio chofer y con una carrera técnica terminada de perito contador.

Desde que dejó Santa Rosa, se propuso llegar a Los Ángeles, pero aún debe recorrer un trayecto que le llevará más de 15 días.

Las extorsiones

Suchiate es un municipio de más de 32 mil habitantes, pero Ciudad Hidalgo es el poblado más pujante, con supermercados, comercios de venta de abarrotes y otras mercancías, hasta donde llegan tráileres cargados con pollo, huevo y otros productos para comercializar al otro lado de la frontera, pero por acá pasa maquinaria, telas, perfumes, electrodomésticos, que forzosamente hay que declarar en la aduana del Puerto Fronterizo Suchiate II.

La Tomatera es la zona comercial por excelencia, de donde salen alimentos enlatados, zapatos, dulces, ropa, aceite, huevo, refresco embotellado, leche, jabón y otros productos para abastecer a consumidores de ocho de 22 departamentos del vecino país: San Marcos, Quetzaltenango, Retalhuleu, Suchitepequez, Escuintla, Sacatepéquez, Santa Rosa y Guatemala.

La policía sólo hace rondines en esa área, para cobrar la cuota diaria a los comerciantes e incluso “hasta los agentes de Tránsito Municipal llegan a pedir dinero”, denuncia una mujer a quien llamaremos Rosa, que vive en el área.

La prosperidad de este municipio fue capitalizada por la familia de Matilde Espinosa, La Loba, que el 19 de julio ganó la alcaldía, como candidata del PVEM y Panal, luego de que su esposo Saúl Álvarez, director del Registro Civil, dirigía a una decena de hombres que instalaban retenes sobre la carretera a Tapachula, denuncian.

El 5 de julio, la Policía Especializada detuvo a Saúl López —quien se encuentra libre—, acusado de extorsionar a camioneros en los tramos carreteros Tapachula-Ciudad Hidalgo y Jaritas-Ciudad Hidalgo, al pedirles “cuotas” de 30 pesos para tener derecho de circular con la mercancía hacia la frontera.

Según la Procuraduría de Justicia del Estado esta actividad que se hacía de lunes a domingo y le generaba ingresos a Álvarez López de seis mil pesos, en un lapso de 12 horas.

Además, la Procuraduría General de la República (PGR) abrió una investigación por la presunta venta de actas de nacimiento para tramitar credenciales de elector a guatemaltecos que presuntamente votaron a favor de La Loba.

Para llegar a tierra mexicana, desde el otro lado del Suchiate, no hay que hacer ningún trámite migratorio, sólo se requiere subir a una balsa, pagar 10 quetzales (20 pesos), sin cargamento, y en 15 minutos se llega al centro de Ciudad Hidalgo para proseguir a Tapachula.

Los migrantes que llegan aquí deben abrirse paso entre las bicicletas y bicitaxis para pedir ayuda económica y alimenticia y continuar su trayecto hacia el norte.

Ricardo Alberto Contreras, de 42 años, de San Pedro Sula, dice que lleva varios días pidiendo ayuda, pues quiere llegar a Los Ángeles. Confía en que alguien le dé un jalón a Tapachula.

Guillermo Cisneros Aguilar, 48 años, llegó hace tres meses a Altar, Sonora, pero cuando estaba a punto de pasar la última frontera, fue asaltado y luego deportado a su país. Nativo de Tegucigalpa, quiere llegar a California.

Del otro lado de la frontera, en Tecún Umán, en la Casa del Migrante Encuentro de Culturas, han llegado más de 4 mil inmigrantes de origen hondureño, nicaragüense, salvadoreño y guatemalteco, que quieren llegar a Estados Unidos. El subdirector del albergue, Mario Morales, explica que muchos de estos “sin papeles” que llegan al lugar sufren maltrato y abusos de la policía y delincuentes.

A años de haber sido creada la Coordinación para la Atención Integral de la Migración de la Frontera Sur, el mayor logro fue la apertura de la Dirección de Atención a Personas Migrantes y Refugiadas, en la alcaldía de esta entidad, pero el encargado parece nunca estar y el lugar se observa como bodega, no como centro de ayuda a extranjeros que buscan llegar a Estados Unidos.

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