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christian.leon@eluniversal.com.mx
Medio siglo tuvo que pasar para que The Who llegara a la capital mexicana y demostrara a sus seguidores nacionales que el rock es una cuestión de actitud, algo que se lleva en el alma y lo que menos importa es la edad.
Casi 19 mil mexicanos fueron testigos del derroche de energía que la agrupación británica hizo en el Palacio de los Deportes este miércoles y en donde cada uno de sus integrantes lució como un auténtico rockstar e hizo olvidar a los presentes que los músicos tienen más de 70 años.
Claro, salvo algunas excepciones como cuando, previo a su show, el grupo pidiera a los presentes no fumar porque Roger, el vocalista y líder de la banda, tiene alergia al humo, algo que los fans acataron al pie de la letra.
El día era especial, la agrupación no sólo celebraba 50 años de carrera, también estaba pagando una deuda con los mexicanos y lo hizo con toda la potencia de la que pocos se pueden jactar.
Tras la inesperada cancelación que tuvieron en 2007 por la aparente baja venta de boletos que la banda tuvo en aquel año, todo parecía indicar que jamás llegaría a suelo mexicano; pero la maldición finalmente se rompió pasadas las 21:00 horas, cuando el telón subió y con un mensaje en español que decía “guarden la calma, aquí viene The Who”, los fanáticos sabían que el momento había llegado.
Tras interpretar los temas “I can't explain”, “The Seeker”, “Who are you” y “The kids are alright”, la banda interactuó con sus emocionados seguidores ante quienes se disculpó.
“No trataré de hablar en español porque no sé, pero los amamos, nos tardamos mucho tiempo en venir a México y por eso les ofrecemos disculpas”, explicó Roger Daltry, quien tras su breve discurso interpretó la canción “I can see for miles”.
El set list no tuvo novedades, tocaron los temas en el mismo orden que tres días antes lo habían hecho durante la clausura del Dessert Trip que se llevó en Indio, California.
Durante su show, The Who demostró que posee el talento y el aguante físico suficiente para romper la barrera generacional y agradar a más de tres generaciones.
Lo mismo disfrutaron de su espectáculos adolescentes y jóvenes, que los contemporáneos de la banda, todos siendo parte del histórico momento, uno que quizá no se vuelva a repetir.
No todo en el concierto fueron riffs y estridencias, también hubo lugar para la melancolía, como cuando ejecutaron “Behind blue eyes”, en la que el público unió su voz al de la banda para entonar todas y cada una de las estrofas, mientras sus manos movían sus teléfonos móviles o encendedores al compás de cada acorde.
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