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Es casi medianoche. El concierto, el último que todo el equipo realizó para despedir a Juan Gabriel, llegó a su fin desde casi una hora, pero Silvia Hernández sigue rondando los alrededores del Palacio de Bellas Artes. Carga una rosa roja, como la canción que tanto le gusta de su ídolo "Esta rosa roja" y un póster de un joven Alberto Aguilera. Ha pasado más de 12 horas despidiendo al Divo de Juárez. De lo vivido, una certeza tiene: en su trabajo la van a "castigar".
Es admiradora de Juan Gabriel de toda la vida, desde que él empezó a cantar en 1971 su ya clásico "No tengo dinero". Llegó al Palacio de Bellas Artes desde la delegación Azcopotzalco a temprana hora.
"Llegué a las 9 de la mañana. Tuve la suerte de meterme por un caminito que no había nadie, me dijo un policía que llegara por ahí. Y a los cinco o diez minutos logré entrar para ver la urna. Desde entonces y hasta esta hora me la he pasado bailando y cantando para Juan Gabriel. Falté a mi trabajo, me van a castigar, tal vez un día o dos", dice.
A Silvia la acompaña María Teresa Pérez. Se conocieron ahí, en la espera, en la fiesta colectiva, en el luto festivo.
María llegó a las 7 de la noche del lunes y logró entrar a las 4:30 de la mañana del día siguiente. Ante el cansancio, regresó a su casa para bañarse y regresó a la una de la tarde y se fue hasta que el homenaje concluyó.
"Invité a mis hijos, pero no vino nadie. No podía dejar de despedirlo, después me iba a arrepentir de no venir. Terminé aceptando que ya... Estaba yo como con preocupación, algo me tenía intranquila, pero ya lo disfruté y me voy contenta", dice.
Silvia y María van en búsqueda de un transporte que las lleve de regreso a casa. El novenario celebratorio se ha acabado. Mañana habrá que despertar sin Juan Gabriel.
lsm
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