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Al llegar los últimos votos para los Oscar —el plazo vence el martes-, Hollywood pone fin a una temporada de premios que ha resultado, de Nate Parker a Mel Gibson, una desconcertante alegoría moral.
Las peripecias han sido insólitas, incluso por tratarse del cine.
Parker, festejado como un seguro receptor del Oscar en el festival Sundance del año pasado, asistió al torpedeo de su The Birth of a Nation como consecuencia de una denuncia por violación en su contra de 18 años atrás. Al tiempo que desaparecía Parker, se produjo el inesperado retorno de Mel Gibson, un paria durante la última década, con su Hacksaw Ridge, nominada a seis Oscar, incluidos mejor película y director.
La balanza de la justicia hollywoodense nunca ha sido muy científica, pero pocas veces ha sido tan difícil de interpretar.
El desconcertante cálculo ético ha provocado muchos cuestionamientos a los estándares —mezcla de arte, fama, raza, hechos y rumores— con que se juzga la mala conducta de las estrellas y los aspirantes a las estatuillas.
Algunas de las contiendas más reñidas de la temporada —como el caso de Casey Affleck, uno de los favoritos al mejor actor— se dirimen en torno a si un contendiente tuvo la suficiente agilidad para dejar atrás su pasado. Todos coinciden: esos criterios cumplen un papel cada vez más importante en la temporada de premios y en el espectáculo en general.
Gibson fue uno de los pocos que defendió públicamente a Parker, quien fue acusado de violación junto con su compañero de cuarto en Penn State y colaborador en The Birth of a Nation, Jean Celestin. Parker fue absuelto, Celestin condenado pero el veredicto fue anulado luego, y la presunta víctima, cuya familia dice que jamás se recuperó del incidente, se suicidó años después.
Parker siempre se ha declarado inocente, pero sus respuestas en Facebook y sus evasivas en una conferencia de prensa durante el festival de Toronto no lo ayudaron ante la reacción en su contra. Un abogado de Parker no respondió a los pedidos de declaraciones.
"No me parece justo", dijo Gibson en una mesa redonda organizada por Hollywood Reporter. "Lo absolvieron de todo eso y fue hace años".
Gibson —quien rechazó un pedido de entrevista— ha debido superar sus propios escándalos. Su diatriba antisemita en 2006, grabada durante su arresto bajo sospecha de conducir borracho, parecía el fin de su estrellato. En 2011 declaró que no respondía a los cargos de violencia doméstica presentados por su ex novia Oksana Grigorieva.
Sin embargo, su regreso parece oficial gracias al Oscar. Ha trascendido que Gibson está negociando para dirigir una secuela de Suicide Squad.
nrv
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