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christian.leon@eluniversal.com.
Los Cabos.— Al igual que su padre, el histrión Stellan Skarsgård, el sueco Alexander Skarsgård aprendió desde pequeño que un buen actor tiene que escoger sus proyectos por la trascendencia de la historia y no por el éxito comercial y mediático que cada uno le pueda traer.
Lo mismo que Tarzán, su nuevo personaje en la pantalla grande, desde temprana edad Alexander se dividió entre dos mundos, Europa (donde nació) y América (donde estudió); entre el cine y la tv independiente y la comercial, algo que a sus 39 años agradece.
“Creo que las decisiones que he tomado en mi vida que han sido las correctas, me encanta venir a lugares como este (Los Cabos, México) y pasar desapercibido, la mayoría de los actores se mueren porque la gente los reconozca o les pida autógrafos, aman ser el centro de atención y a mí lo que me importa es actuar, hacer cosas que me llenen, sean vistas por millones o sólo por unos cuantos”, explicó en entrevista con EL UNIVERSAL Skarsgård.
Ese tipo de mentalidad, dijo el actor de 1.94 metros de estatura, se lo debe a la educación que su padre (reconocido por blockbusters como Piratas del Caribe, Mamma mia! o Thor) le dio.
Una vez que Alexander llegó al nuevo mundo (Nueva York), siendo adolescente, tuvo que regresar a su natal Suecia años más tarde a perseguir el amor, un paralelismo que hoy vive con su película basada en el popular personaje de ficción creado por Edgar Rice Burroughs.
“Es muy gracioso cómo a veces la vida y la ficción se unen, digamos que para mí fue igual, salí de Suecia de pequeño porque yo quería estudiar en la mejor escuela de actuación y eso estaba en América, una vez que terminé me fui a Suecia, donde deseaba trabajar y sin querer Hollywood me llamó poco a poco”, explicó.
En su nueva cinta, La leyenda de Tarzán, han pasado años desde que el hombre mono dejó la selva. Ahora tiene una vida civilizada como John Clayton III, junto a Amada Jane, hasta que es llamado de nuevo al Congo para servir como un emisario del comercio del Parlamento, sin saber que es un peón en un plan mortal de la avaricia y la venganza del capitán Leon Rom.
Al hablar de esa etapa de su vida, en la que al igual que su personaje tuvo que regresar a su ciudad natal, recordó que fue en esa época en la que su padre le dio uno de los mejores consejos que como actor pudo recibir:
“Hollywood es una selva y, si deseas cruzarla, dependerá de en qué lianas desees atravesar ese hermoso pero peligroso mundo”.
Eso hizo que Skarsgård antepusiera los trabajos con historia y que lo retaban como actor sobre los que le pudieran dejar grandes sumas de dinero.
Así participó en series de culto como Revelations y Generation Kill que supo combinar con éxitos como True blood, dónde interpretó a Eric Northman, un vampiro sin escrúpulos que convirtió a Alexander en un sex symbol y que a su vez le abrió las puertas a nuevos proyectos que decidió rechazar.
“Nunca he querido que mi carrera vaya por ese camino, no me interesa ser una cara atractiva en una película o serie que no dice nada, me gustan las cosas arriesgadas y que sean distintas”, dijo.
Esa decisión se ve reflejada en los proyectos que ha tomado en la pantalla grande, donde ha trabajado principalmente en filmes independientes como Wings of glass y Melancholia, donde participó con su padre Stellan.
La leyenda de Tarzán, que se estrena hoy en México, representa su primer filme de gran presupuesto, un proyecto que podría catapultar y potenciar su imagen a niveles a los que no está acostumbrado y situación a la que dice
no temer.
“Creo que nunca me ha dado miedo, he visto carreras de increíbles actores como la de mi padre y sé que es algo que uno puede combinar, no tienen por qué estar peleadas, además, esto que la gente llama ‘éxito’ nunca me ha interesado, así que no veo la manera en la que mi vida o mi manera de ver la actuación cambian por el éxito que pueda tener la película”, añadió.
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