El nuevo gobierno que encabezará Andrés Manuel López Obrador tendrá que enfrentar la crisis por la que atraviesa la relación entre México y Estados Unidos: migración y Tratado de Libre Comercio. Tan importantes son para ambos países que la interdependencia, durante décadas, los ha convertido en asuntos ya no sólo de política exterior, sino también de política interna para las dos naciones. Se ubican en el marco de relaciones económicas y sociales percibidas por Washington como graves problemas de seguridad. Ningún gobierno de México desde la Revolución enfrentó una relación con EU tan difícil, compleja, áspera e inaceptable por la forma y el fondo con que se maneja desde la Casa Blanca.

Migración y TLCAN han sido convertidos en las dos bestias negras a controlar o liquidar por el peligro que representan, en torno a las cuales se ejercen discursos y acciones impensables hasta hace pocos meses. Y todo eso a pesar de que tanto México como Estados Unidos se han beneficiado de intercambios múltiples lo mismo en lo social, el empleo y lo económico. En materia de migraciones, el mundo vive la mayor oleada de migrantes en busca de refugio, seguridad o mejora económica, simplemente. Pero al referirse a los inmigrantes Washington —Trump— ha construido un discurso desde la campaña presidencial en el que la migración es un peligro porque todos los que llegan son ladrones, narcotraficantes y violadores que ponen en peligro al país entero, y el comercio trilateral, porque eso es el TLCAN, es desfavorable para EU y roba empleos a los estadounidenses.

El miedo a la inmigración recorre el mundo. Construido a partir de muchas falsedades, del temor a lo desconocido, de distorsiones y mentiras, como las hay entre quienes han convertido en la más grande amenaza la ola migratoria que vive el mundo y en particular también Europa. Roberto Savio cita a William Swing, director general saliente de la Organización Internacional para las Migraciones: un estudio realizado por Naciones Unidas y el McKinsey Global Institute, señala que “aunque sólo 3.5% de la población mundial son migrantes, producen el nueve por ciento de la riqueza global medida en términos del PIB…”. Esto medido en términos globales no tuvo ningún impacto en los electores de Trump, ni siquiera se conoce, pero igual lo que importaba no era la realidad sino lo que decía el candidato, que convenció a su base electoral que la inmigración es una seria amenaza para EU, donde casi todos son inmigrantes o descendientes de inmigrantes, como el mismo presidente, cuyo progenitores llegaron de Escocia y de Alemania.

En la campaña anti-inmigrantes, Trump no está solo, tiene aliados que gobiernan con políticas similares en Hungría, en Italia, Polonia, Austria, Israel. Tiene otros apoyos importantes como Marine Le Pen en Francia y Nigel Farage en Gran Bretaña. Entre esas ultraderechas conservadoras, los discursos coinciden en que la inmigración es el gran peligro de nuestro tiempo. Trump afirmó recientemente que la inmigración en Alemania ha aumentado la criminalidad, a pesar de que ha habido una fuerte disminución de la delincuencia.

La realidad es otra, hay que ver lo que ha ocurrido en los últimos cinco años en Italia: las empresas formadas por inmigrantes son el 25.8% en ese periodo, o sea el 9.4% de un total de 570 mil empresas. En el sistema de pensiones aportan 11 mil 500 millones de Euros, más de lo que cuestan. Cuestiones similares ocurren en Estados Unidos, ¿qué sería de California sin inmigrantes, o de Nueva York, o de Massachussets y Boston…? México debiera impulsar y difundir ampliamente estudios para mostrar a EU y al mundo lo mucho que aporta la relación, la inmigración, el comercio y la interdependencia. Compleja y difícil relación la de México con Estados Unidos.

Periodista y analista internacional

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