Ganó la opción moderna y de mayor apertura

Enrique de la Madrid

El reciente proceso electoral en Colombia, que culminó con el triunfo de Iván Duque en la segunda vuelta del pasado domingo, resulta muy interesante de revisar.

Durante la campaña presidencial en Colombia, las propuestas de los candidatos estuvieron centradas en los temas que más le interesan a su población: combate a la corrupción, inseguridad y crecimiento económico.

Los colombianos eligieron entre dos opciones muy diferentes y opuestas. Por un lado, el Centro Democrático representado por Duque, un joven senador con una propuesta renovadora, de libre mercado, y en desacuerdo con la amnistía de facto que el Acuerdo de Paz de 2017 parece dar a algunos ex dirigentes de las FARC.

Por el otro, la Coalición de Gustavo Petro, un antiguo guerrillero y ex alcalde de la capital, con posiciones más favorables a la intervención estatal en la economía y más afín al statu quo en política, en particular a las posiciones ambiguas del gobierno actual hacia la ex guerrilla y hacia Venezuela.

En el tema de combate a la corrupción, la posición ganadora fue la que se presentó como un relevo generacional comprometido con la renovación ideológica y de estructuras, más al estilo de Emmanuel Macron en Francia y Justin Trudeau en Canadá.

Menos atractiva resultó la estrategia de Petro, quien se dedicó más a posicionar grandes escándalos de corrupción del pasado reciente y algunas frases llamativas, como la de “terminar con la dictadura de la corrupción”. La mayoría de los colombianos identificaron estas frases como populistas y sin mucha sustancia.

En seguridad, Colombia enfrenta el reto de un creciente tráfico de drogas y la violencia ejercida por pandillas en las regiones que antes controlaba la guerrilla. El candidato vencedor ofreció mantener el proceso de paz pero modificándolo para asegurar que sean las víctimas quienes estén en el centro del proceso, garantizándoles el derecho a la verdad, la justicia y la reparación.

Por su lado, Petro únicamente ofreció “quitarle el pueblo a la mafia” mediante una reforma rural basada en la sustitución de cultivos de coca y el reparto de la tierra, para que los campesinos volvieran a sus tierras y el narco quedara debilitado por falta de mano de obra.

La propuesta económica del Centro Democrático también resultó mucho más atractiva pues, además de comprometerse con una simplificación fiscal y burocrática, buena parte de su propuesta está centrada en promover lo que describe como la “economía naranja”, es decir aquellas actividades productivas basadas en la creatividad, el emprendimiento, la cultura y el ocio.

Frente a esta visión de vanguardia, la Coalición derrotada sólo ofreció un difuso plan para redirigir la inversión extranjera hacia energías renovables, y el uso de consignas usuales y ya gastadas.

Sólo el tiempo lo dirá, pero estoy seguro que nuestros hermanos colombianos verán recompensado el haber elegido la opción moderna, más propositiva y con una clara visión de futuro, una que les ofrece las mejores posibilidades de progresar como individuos y como nación.

Una reflexión al margen. El pasado martes, tras casi cien años de prohibición, el Senado de Canadá aprobó la legalización del uso de la marihuana con fines recreativos. Con esto, se convierten en el primer país del G7 en autorizar su libre consumo y producción.

Así, mientras cualquier persona puede ir desde Alaska hasta San Diego, sin preocuparse por ser siquiera molestado por poseer o consumir cannabis, en México seguimos utilizando recursos públicos para combatir el comercio de un producto que nuestros principales socios han dejado de perseguir, y cuyas ganancias económicas están monopolizadas por el crimen organizado.

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